Preguntas que puedes hacerte para entender tu síntoma

Esta semana, tenía previsto publicar un vídeo en el que compartir contigo el paso a paso completo que puedes hacer si quieres entender al detalle lo que te está diciendo tu síntoma físico acerca de ti.

Después de mi últimos contenidos, en los que te he propuesto un «vídeo test« para ayudarte a descubrir si tu modo convencional de vivir y encajar los retos de la vida puede estar haciéndote somatizar, y una explicación detallada para ayudarte a interpretar los resultados de dicho test, me parecía muy oportuno hacer un video bien estructurado y actualizado (ya tengo otros contenidos semejantes publicados con anterioridad, pero en mi avance como profesional, mi criterio se va ampliando y depurando). 

Sin embargo, he sentido el impulso de «colar» antes este post y sugerirte una batería de preguntas que puedes hacerte para ir aproximándote a una toma de consciencia nueva que te ayude a entender tu síntoma y los bloqueos existentes en tus procesos sutiles. 

¿Por qué? Pues porque, en cualquier proceso de aprendizaje, una actitud activa (en la que poner tu mente a trabajar antes de acceder a la información) hace que integres mucho mejor los nuevos conceptos o paradigmas.

Así que, si vas a hacer este trabajo, predisponte a ser lo más honesto/a posible contigo mismo/a y profundizar en tus respuestas un poco más allá de las respuestas que te saldrían por inercia, sin pensar.

 

Ten en cuenta esto antes de empezar...

Antes de que empieces con las preguntas, quiero proponerte algo con el objeto de que le puedas extraer el máximo partido a este «ejercicio». 

Como se trata de que des con respuestas de tu interior que aún no habían salido a la luz; que tomes una consciencia nueva con respecto a la información que ya tienes procesada e integrada, te sugiero lo siguiente:

Primero, elige una persona cercana a ti; que te conozca mucho y te quiera; que quiera lo mejor para ti. Quizá un hermano o hermana, una fiel amistad…

Cuando quieras darle respuestas a las preguntas, y después de pensar en tu respuesta inicial, luego pregúntate si esa persona que has elegido lo vería de la misma forma, o añadiría o cambiaría algo.

Y añade a tu respuesta aquello que te parece certero de la visión del otro.

¿Esto para qué? Para darle a tu perspectiva el máximo de objetividad y amplitud posible. Normalmente, vemos nuestra vida a través de los mismos paradigmas, premisas y creencias que generan nuestros bucles y bloqueos. Así que no somos todo lo objetivos que nos gustaría.

Si añades la perspectiva de una persona que te ama, que tiene buena intención sobre ti, pero que está más o menos fuera de tu vida, la información que extraigas será más valiosa. 

Lee las preguntas y explicaciones. Responde mentalmente, teniendo en cuenta lo anterior y deteniéndote especialmente en las cuestiones que sientes que tienes más «trabajo» por hacer; que hay asuntos por descubrir y resolver.

Para darle un especial plus de efectividad a esta tarea, te animo a que escribas la información más significativa para ti.

De hecho (y esto es una sugerencia más genérica) te recomiendo encarecidamente tener un cuaderno para tus notas acerca de tu trabajo sobre tu síntoma o enfermedad. En mi blog, tengo mucho material para trabajar sobre ello.

PREGUNTA 1: ¿Cuál dirías que es el problema o conflicto emocional de fondo que más tiempo te ha acompañado en tu vida?

Intenta detectar esa tendencia de percepción y comportamiento que te ha acompañado gran parte de tu vida de una forma u otra. Aunque sea algo abstracto y que se te haya presentado de distintas maneras y en diversos contextos, seguro que hay en ti algún «programa» que sabes que no te ayuda demasiado. Intenta describirlo lo más concretamente que puedas. 

Por ejemplo: Una sensación de que nunca eres suficiente y te tienes que esforzar demasiado, o una constante falta de confianza en los demás.

Recuerda:

PREGUNTA 2: En el inicio de tu enfermedad... ¿Cuál era tu contexto vital y emocional?

Justo antes de empezar a presentar los primeros síntomas… ¿Cómo era tu vida y cómo te sentías?

Fíjate especialmente en algún evento que pudo ser difícil o doloroso. Si no se te ocurre nada, profundiza más. Puede que no le hubieras dado importancia en su momento, o que lo apartaras de tu mente. Es importante tomar consciencia de lo que, posiblemente, esté almacenado en nuestro subconsciente.

Puede ser que te cueste recordar esto con cierto detalle, sobre todo si hace tiempo de ello. Pero inténtalo, es importante. 

Te puede ayudar preguntar a la gente que había en tu entorno en ese momento. O tener en cuenta qué estabas haciendo por esa época. Si por ejemplo estabas estudiando algo, o fue el año en que sucedió algo importante en la familia… Estos recuerdos iniciales pueden ayudarte a «desenterrar» otros. También puede serte de utilidad revisar diarios o agendas que estuvieras usando en aquella época.

 

Recuerda:

PREGUNTA 3: De lo anterior... ¿Qué se mantiene?

Si has conseguido detectar conflictos o heridas que se fraguaron justo antes de tus primeros síntomas… ¿Qué de ello sigue «vigente» en ti y de qué manera? En este apartado, una vez más, profundiza más allá de las primeras respuestas que te vengan a la mente. Quizá te parezca que superaste aquellos problemas, pero simplemente, hayan cambiado de apariencia, conservando el mismo fondo.

Por ejemplo: Imagina que sufriste una ruptura amorosa en la que te sentiste traicionado/a… Quizá ya no te importa aquella persona, pero te ha quedado una gran desconfianza hacia posibles parejas, o te cerraste mucho en el ámbito romántico disfrazándolo de independencia cuando en el fondo tienes un tremendo miedo a que vuelvan a traicionarte.

Recuerda:

PREGUNTA 4: ¿Has desarrollado algún conflicto "periférico" relacionado con tu enfermedad o síntoma?

Es muy posible que hayas generado algún conflicto adicional asociado a la propia aparición de síntomas.

Por ejemplo, imagina que tus síntomas afectaron (o afectan) a tu desempeño profesional, y has desarrollado una gran inseguridad en tu valía como trabajador ( y eso te perjudica también en otros ámbitos). Otro ejemplo: Sientes que la vida ha sido injusta contigo «dándote» esa condición (enfermedad, limitación o síntoma) y te has vuelto una persona amargada y huraña. Esto acaba también afectándote en las relaciones personales y otros ámbitos. Lo cual te hace sentir aún más amargado/a.  ¡El bucle está servido!

Tenlo en cuenta, porque es posible que ese conflicto no resuelto esté anclándote a tu somatización.

Esto sucede por no haber encajado, aceptado y/o entendido completamente  la aparición de tu dolencia. Es muy humano, muy lícito, pero puede haberse convertido en causa secundaria de la misma u otra somatización.

Presta especial atención a aquellos conflictos «periféricos» que detectes en ti y que, si te fijas, tienen un trasfondo similar al conflicto original.

Por ejemplo: 

Te has dado cuenta de que existe una asociación entre la pérdida que sufriste de un ser querido (con un duelo mal gestionado) y tu enfermedad. Al mismo tiempo, sientes que tu dolencia te aleja (por el motivo que sea) de alguna persona importante de tu vida. Y desarrollas y perpetúas un profundo miedo al abandono o un apego emocional excesivo.

Recuerda:

PREGUNTA 5: ¿Hay una parte de ti que quiere seguir enfermo/a?

Profundiza, reflexiona y sé honesto/a contigo… Nadie te oye ahora, jeje.

¿Es posible que exista una parte de ti, por pequeña que sea, que se sienta a gusto con el síntoma físico, con la enfermedad o con la limitación correspondiente, si la tienes? 

Aunque tu respuesta refleja sea un «no» rotundo, detente un momento: Es posible que a un nivel más o menos inconsciente, estés «cómodo» con algún aspecto o consecuencia asociada a tu enfermedad. Y se trata de que lo hagas consciente para poder reconducirlo, pues ésto te puede estar anclando también a tu síntoma sin saberlo.

Por ejemplo: Imagina que el hecho de estar enfermo/a te está liberando de tareas que no te gustaba hacer, o de desarrollar un trabajo que aborrecías. O… Imagina que recibes unas atenciones y cuidados gracias a tu condición que, te son gratos por otra parte. O… Te pongo ahora un ejemplo más sutil: Seguir enfermo confirma tus teorías y creencias entorno a la enfermedad (por ejemplo, creo que mi enfermedad es crónica) y eso te da cierta sensación de seguridad, pues tus conocimientos son «ciertos».

Éstos son solo algunos ejemplos.

Si detectas algo de esto, la siguiente pregunta sería: ¿Qué carencia esconde esto y cómo puedo cubrirla de otro modo más «sano»?

[Sobre esto (y más cosas) trato más a fondo en esta videoclase de regalo]

Recuerda:

PREGUNTA 6: ¿Aún mantienes hábitos que son perjudiciales para tu condición física?

Puede ser que no puedas evitar mantener algún hábito que sabes que no te hace bien, teniendo en cuenta tu condición física. O puede que seas incapaz de incorporar nuevos hábitos que sabes que te ayudarían a mejorar tu salud… [Que viene a ser otra cara de la misma moneda].

Si te identificas con esto, yo hoy quiero darte una visión un poco distinta a la habitual. Te sugiero que, en lugar de creer férreamente que ese mal hábito tiene el poder de mantenerte enfermo/a… Y en lugar, también, de seguir fustigándote por hacerlo «mal», te preguntes sinceramente, qué carencia o bloqueo emocional te lleva a seguir con ese hábito o te impide cambiarlo.

Contestando esta pregunta, darás con otra «fracción» o «matiz» de tus tendencias emocionales que pueden estar en conflicto y somatizándose en tu cuerpo.

No digo con esto que nuestros malos hábitos no afecten a nuestra salud (que sí pueden hacerlo). Estoy intentando que vayas más allá de lo puramente físico para que puedas encontrar su raíz emocional. Será una pista más para comprender lo que es necesario sanar en lo sutil si quieres ver resultados en lo físico. Además, con la toma de consciencia y comprensión adecuada, será como podrás también transformar esos hábitos.

Recuerda:

Y para acabar...

Con estas preguntas, si has profundizado en tus respuestas, tendrás una idea bastante atinada (aunque aún quede un poco abstracta) de «por dónde van los tiros» con  respecto a la causa interna de tu enfermedad.

Desde luego, hay más preguntas que podrías hacerte para indagar en la causa sutil de tu síntoma físico. El proceso habitual es «tirar del hilo», como digo yo, y seguir indagando a partir de las respuestas iniciales. Esto es parte del trabajo personalizado que hacemos en consulta.

Pero, por hoy, con éstas es suficiente. Con que hayas descubierto una idea nueva, o un nexo de unión entre eventos del que no te habías percatado, es suficiente. Esto es un proceso gradual, por supuesto. 

¿Quieres comentarnos cualquier otra cosa, como algún descubrimiento especialmente interesante que has hecho respondiendo a estas preguntas? ¿Te surge alguna duda? ¡Adelante! ¡Déjamelo en los comentarios de más abajo!

 

La próxima semana...

¡Esta vez, sí! 

El próximo domingo voy a traerte el vídeo en el que te explicaré paso a paso lo que yo haría si quisiera comprender la causa emocional de un síntoma físico en profundidad. Te servirá, sin duda, como un buen complemento al trabajo hecho con estas preguntas.

Te hablaré de cosas como:

Dónde consultar, qué información tener en cuenta, qué preguntas hacerte, qué observar en tu día a día…

Desde 2014 liberada de una enfermedad "crónica" gracias a un proceso de transformación interior. Desde 2015 acompañando a otros a recorrer un camino similar al que hice yo.

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