Mi estado de salud actual (2022) 2a Parte

La semana anterior, inicié esta serie de artículos (que finalmente serán tres) en la que te voy a contar más detalles de mi historia de sanación y te hablaré de mi estado de salud actual. 

En la primera parte, te conté básicamente un poco de mi historia. Es decir, hice un breve repaso a mi vivencia con la enfermedad, previa a mi posterior sanación. 

Resumen de los puntos:

Repaso de lo anterior

 

Te hablé de mis primeros contactos (desde edad muy temprana) con el autoconocimiento y la consciencia. Te conté que había tenido cierta toma de consciencia con teorías sobre la sanación natural y el origen interno de la enfermedad física. Te expliqué mi inicio con la enfermedad y que no aplicaba demasiado estas teorías. Te hablé de cuándo, finalmente, obtuve el diagnóstico de Espondilitis Anquilosante y mi andadura en el sistema sanitario. Y, finalmente, te conté cómo me decidí a dejar de asistir al médico y a seguir el tratamiento (ya que los resultados eran decepcionantes).

Te conté también que, después de una época sin tratamiento en la que aprendí a cuidarme por mí misma (hasta cierto punto), tuve una crisis a todos los niveles que me hizo tocar fondo y me replanteé muchas cuestiones. Eso me llevó a hacer un viaje que me resultó catártico: El Camino de Santiago. Y te enlacé a un artículo (una serie de dos, en realidad) en la que te relaté (hace ya varios años) mi experiencia de toma de consciencia y transformación.

Quiero matizar también, que mientras hice ese Camino de Santiago, hice varios actos psicomágicos muy potentes. Aunque, en su momento, no fui demasiado consciente. Me doy más cuenta ahora, que lo veo con retrospectiva. Un día, si quieres, te lo cuento en detalle.

Cuando regresé a casa, después de ese viaje, cambiaron muchas cosas en mí y en mi vida. Y, por encima de todas las cosas, mi relación con la enfermedad en general, y con la espondilitis en particular, cambió para siempre.

Básicamente, hice una gran toma de consciencia sobre los patrones inconscientes que me hacían daño en mi día a día y que me enfermaban. Tomé decisiones profundas de cambio. Afronté miedos. Hice algunas comprobaciones iniciales. Tomé grandes compromisos conmigo misma. Como te decía antes, hice algún acto psicomágico, de forma intuitiva y funcionó muchísimo.

Yo había cambiado por dentro, ya no era la misma: Ya no le tenía miedo a la enfermedad, había entendido su origen y su función y ya no me identificaba como víctima de la misma. Me sentía fuerte como nunca, por dentro y por fuera. Además ya había hecho alguna comprobación de mi recuperación; de mi mejora.

Así que vamos con la continuación de esa primera parte. ¿Cómo estoy ahora exactamente, después de ocho años de aquel punto de inflexión? ¿Cómo se mantiene mi estado de salud en la actualidad?

[Por cierto, acabo de darme cuenta ahora mismo de que justo hace ocho años de aquello; ya que emprendí mi Camino de Santiago el diez de marzo de 2014].

Te voy a hablar de mi estado actual, y de lo que hago para mantenerme sana y fuerte.

¡Vamos a ello

¿Cómo estoy ahora?

No tengo un estado de salud constantemente perfecto, absolutamente libre de síntomas en todo momento… No. 

De hecho, me aparecen algunos «sintomitas» leves y aleatorios de vez en cuando y, habitualmente, desaparecen con facilidad. Me son útiles, por cierto, para observarme, comprenderme y ayudarme mejor. Te hablo más en detalle de esto en el último punto de este post. 

Pero ahora me voy a centrar en el dolor y la limitación propios de la espondilitis anquilosante. Voy a comparar el estado en el que yo estaba cuando estaba enferma con el actual.

Para ello, volvamos brevemente a ese momento clave; ese punto de inflexión en el que hice una nueva toma de consciencia y decidí irme a hacer el Camino de Santiago,

Como ya te comentaba en el anterior artículo, el simple acto de tomar la decisión de caminar más de 700 km. con una mochila de diez kg. a mi espalda (la cargué demasiado, lo sé) fue un mensaje muy potente para mi subconsciente: 

 

Traspasé los confines, los límites de ese personaje enfermo en el que me había convertido, y que había construido sin saber. Lo saqué de la «burbuja» en la que se encontraba y que le daba realidad.

Luego, durante ese camino, seguí haciéndolo: Hubieron muchos momentos en los que el dolor enviaba a mi mente la señal de estar en las puertas de mi límite final. Momentos en los que se disparaban las alarmas, el miedo, y el automatismo de parar, de quejarme, de pedir ayuda, de sentirme incapaz y posicionarme como víctima… 

Mi voluntad y mi determinación fueron más fuertes. Mi fe fue más fuerte. Mi entusiasmo lo fue.

No fue tampoco un acto de cabezonería ciega, forzando a mi cuerpo sin compasión. Aquel tesón surgía de otro lugar de mí. Era, por intentar explicarlo, como la curiosidad inocente de un niño queriendo saber hasta dónde podía llegar. Asumiría cualquier consecuencia. Pero tenía que descubrir mis límites reales.

Y me sorprendí. Me sorprendí tanto…

No quiero enrollarme demasiado en detalles de cómo fue el proceso para mí. Básicamente, lo que quiero transmitir es que se ensanchó mi zona de confort en cuánto a las capacidades de mi cuerpo. Y esa expansión no nació de mi cuerpo. Te diría que mi mente le dio la orden a éste… Pero, al mismo tiempo, mi mente obedecía una pulsión aún más íntima, más profunda. 

El caso es que eso se instaló en mí en aquellos momentos pero ya se ha quedado conmigo para siempre. 

Me erigí, sin saber demasiado lo que hacía en ese momento, en única y total autoridad sobre las capacidades y estado de mi cuerpo. Y eso fue decisivo.

Sentí que, literalmente, mi cuerpo se fortalecía por días en ese camino. Regresé a casa siendo otra.

Y eso, con pequeñas oscilaciones, ha continuado así desde 2014 hasta ahora, en 2022.

En todo este tiempo, he tenido en alguna ocasión (no demasiadas) algunos atisbos del dolor característico que me causaba la espondilitis. Como si fuera el inicio de lo que entonces era un brote que iba en aumento durante muchos días y me dejaba incapaz y retorciéndome de dolor durante semanas. 

Sin embargo, desde 2014, cuando me ha visitado ese inicio del dolor, se ha quedado ahí: En un día o dos con algunas molestias que se van diluyendo sin problemas en unas horas

Personalmente, me lo tomo como un recordatorio… Como un favor que me hace mi cuerpo para recordarme cuándo estoy volviéndome a dejar llevar por mis inercias antiguas. Una «alarma» que me indica que estoy volviendo, sin ser consciente, a esos patrones de percepción, de reacción, de relación, de comportamiento… que me auto sabotean, me traicionan y me generan incoherencia.

Así que, cuándo han aparecido esas molestias, he sabido no dejarme llevar por el miedo y el victimismo, lo he acogido como mi propia creación y me he dispuesto a tomar consciencia de esa vuelta involuntaria a mis patrones tóxicos, y lo he reconducido.

Y la molestia ha desaparecido.

Definitivamente, llevo una vida «normal». No tengo limitaciones físicas, estoy perfectamente para hacer cualquier actividad, no me auto limito, no me asusta ninguna actividad física (dentro de la forma física que mantengo), no tengo brotes inflamatorios aparatosos y limitantes, no convivo con el dolor constantemente… En definitiva, no soy una persona enferma, limitada… No me medico, no acudo al médico…

En fin, soy una persona sana con una calidad de vida muy óptima.

Lo que me ayuda a diario

En este apartado, voy a hacer referencia a aquello que hago internamente en mi día a día y que me he dado cuenta de que me ayuda enormemente a mantenerme sana.

Como te decía en la sección anterior, en mi punto de inflexión, me erigí como única autoridad sobre mi cuerpo; sobre mi estado de salud. 

Y, cuando me decidí a crear este proyecto online (la decisión vino a los pocos meses, y se consolidó un poco más tarde) construí para mí, también en ese momento, un punto de anclaje enormemente valioso para renovar a diario esa autoridad; esa soberanía: Hablaría de ello constantemente, lo recordaría.  Lo grabaría a fuego en las capas más hondas de mi inconsciente.

Te quiero decir que, crear esta página web, este emprendimiento, esta dedicación profesional… Fue para mí también de gran ayuda. Aunque, en ese momento, no fui apenas consciente de esa parte.

Me empujó a seguir investigando sobre el proceso de enfermedad y sanación, a hacer nuevas tomas de consciencia, cada vez más profundas… A analizar con mayor minuciosidad con retrospectiva mi propio proceso, a entender los puntos de inflexión más importantes… A conocer otras historias, comprender las distintas formas en las que se da la enfermedad y la sanación, observar el trasfondo común en esas historias, descubrir las fórmulas que sirven para desprogramar ciertas inercias profundamente ancladas en nuestra psique…

De algún modo, me hice maestra en ese proceso.

Esto me ayudó a reforzar y mantener mi compromiso con el ejercicio de esa autoridad sobre mi salud… Mi compromiso, también, con mi propia coherencia.

También me sirvió para hacer un proceso de sanación similar en otras áreas de mi vida: Trascender ideas limitantes, superar miedos, neutralizar tabúes, soltar mi personaje para ensanchar mis posibilidades, desarrollar mi creatividad (aquella que pensaba que no tenía). Todo ello, seguía contribuyendo a una coherencia cada vez más honda y total en mi vida.

[De esto, no quiero que deduzcas que tú tienes que hacer literalmente lo mismo que yo si quieres mantener tu sanación cuando la hayas alcanzado, pero sí es importante tener un punto de anclaje que te facilite el recordar tu autoridad sobre tu cuerpo: Hablar de ello, tener un entorno y unas relaciones que te faciliten el compartir tu nueva visión de la vida, tomar alguna decisión o crear algún proyecto que te sirva de «rito de paso» para afianzar tu reciente transformación…

Hablaré de ello en mayor profundidad la semana próxima, en la tercera parte de este artículo, cuando te hable de la Misión de Vida.

Otros cuidados que me dedico

A nivel puramente físico, tengo una vida mayormente sana. Algo muy básico y sencillo… No sigo ninguna dieta específica y/o estricta, ni practico una disciplina deportiva excesiva. Tampoco hago regularmente tratamientos complementarios.

Hago cada día un poco de ejercicio, salgo al aire libre y al sol, no como apenas productos animales, consumo productos naturales y comida casera, evito el exceso de azúcar o de alimentos procesados… También cuido mucho mi respiración, mi postura corporal… Hago ejercicios de relajación y estiramientos a diario, para aflojar mis músculos. 

Y, sobre todo, estoy atenta a las señales de mi cuerpo, observo sus necesidades y las atiendo lo mejor que puedo: Si me siento cansada, intento organizarme para poder descansar, a pesar de que implique cambiar de planes. Si me cuesta seguir un ritmo determinado durante algunos días, por el motivo que sea, hago adaptaciones en mi rutina. También escucho mi cuerpo a la hora de alimentarme (observo lo que me apetece, lo que me sienta mal, lo que me sienta bien…). 

Es cierto que podría tener más cuidados, mejorar algunos hábitos, tomarme más en serio algunos cambios… Y estoy en ello. Seguiré haciendo cambios cuando lo sienta necesario. 

A día de hoy, balanceo lo mejor que puedo la atención, el tiempo y la energía que necesito invertir en todo lo fundamental en mi vida. Soy madre de dos niños y madrastra de tres más. Te puedes imaginar que eso me ocupa tiempo, trabajo y energía. Tengo un negocio propio, lo que también ocupa lo suyo. Y mi relación de pareja y familiar en general, es importante para mí, y eso también necesita atención. 

O sea… ¡Hago lo que puedo!

Algunas reflexiones al respecto

Como conclusión más importante de todo lo que he estado desarrollando en este post, me gustaría dejar clara una idea:

El que te plantees la enfermedad en términos absolutos, es un obstáculo para tu autosanación. 

Y cuando digo «términos absolutos», me estoy refiriendo a plantearse solo dos opciones extrema: O estar enfermo (y todo lo que ello implica, como medicarse mucho, ser muy víctima de la situación, aceptar una limitación enorme, creerse los pronósticos más fatalistas, etc.) o estar completamente sano (condición en la cual uno espera no tener absolutamente ningún síntoma nunca, no necesitar ningún cuidado de mantenimiento, etc.).

Lo que me ha enseñado mi experiencia es que la salud es una «construcción» que uno crea y mantiene día a día. Da igual si no es absoluta, siempre que vayamos manteniendo un estado que nos permita disfrutar de la vida y, a poder ser, vayamos mejorando gradualmente, sea al ritmo que sea. Y cuando digo «mejorar», me refiero tanto al resultado físico como a los aprendizajes internos.

Este tema daría para mucho. Ya lo desarrollaré más adelante, si se da el caso.

La próxima semana...

La semana próxima te traigo la tercera (y última parte) de esta serie de artículos sobre mi historia y mi situación actual.

En esta parte final, te contaré un poco el balance, a modo de conclusión.

Más concretamente, te contaré lo que siento que son, a grandes rasgos, las lecciones de vida que tengo aprendidas, sobre todo gracias a mi vivencia con la enfermedad y mi proceso de sanación. Aquellos «fragmentos» de sabiduría que siento que tengo integrados en mí y que ya aplicaré en mi vida hasta que muera. También te hablaré de aquellas lecciones de vida que intuyo que aún tengo pendientes, por lo que me refleja mi día a día. 

Y te hablaré también de mi Misión de Vida.

Espero te sirva todo esto como inspiración, como aliento… Como acicate para reflexionar, revisar tu historia, tu situación, tus potencialidades… Aclarar los verdaderos deseos de tu alma y reunir la fuerza para encaminarte hacia ellos.

Espero que esto te haya resultado útil. Déjame, si quieres, tus comentarios o preguntas al respecto de este artículo, más abajo, en la sección de comentarios.

¡Nos vemos la próxima semana!

Un abrazo.

Desde 2014 liberada de una enfermedad "crónica" gracias a un proceso de transformación interior. Desde 2015 acompañando a otros a recorrer un camino similar al que hice yo.

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