¡Abandona el rebaño! Es parte de tu Autosanación

En este artículo vengo a hablarte de esa necesidad, ese instinto (natural y reforzado socialmente) que es La Necesidad de Pertenencia, que indicaba Abram Maslow en el tercer estrato de su famosa pirámide de las necesidades o motivaciones de hombres y mujeres. El sentido de pertenencia a un grupo social: «Religión, «credo» político, «tribu urbana», familia, amigos, pareja, compañeros de trabajo, etc. 

La sensación de estar bien integrado y ser aceptado por un grupo en cuestión como medio de sentirse seguro, o segura.

Te hablaba de esto en el artículo anterior y te lo presentaba como una posible resistencia o freno en el camino de Autosanación de desarrollo personal y transpersonal. Y, si bien es cierto que se trata de un instinto natural en el ser humano, que tiene una función adaptativa y de supervivencia… Como te comentaba también en el anterior artículo, llega un punto de nuestra evolución que, seguir avanzando, implica trascender algunos instintos. Al menos en cierto sentido y grado. 

[Y, con más razón, si tenemos en cuenta que esa necesidad exacerbada presente en muchos adultos (teóricamente maduros), tiene mucho de condicionamiento social, más allá del instinto natural e innato].

Así, pues, en según qué punto de nuestro camino de desarrollo, si no trascendemos la necesidad de ser aceptados, estaremos significativamente limitados en dicho camino. Tendrá un techo; un tope.

Y es que desarrollarnos a un nivel extra-ordinario implica, de algún modo, desarrollar (y/o despertar) la divinidad que yace dormida en nuestro interior. Ir más allá de lo meramente humano, de lo que es estrictamente propio del «hombre terrenal».

Y no hace falta reflexionar mucho para darse cuenta de que que la persona «común» y «corriente»… La que sigue las directrices «oficiales», la que sigue a la «masa», hace lo que todo el mundo y no se cuestiona ni los métodos, ni las creencias subyacentes, ni nada… Esa persona no se desarrolla a un nivel extra-ordinario en general. 

¿Qué duda cabe, por consiguiente, de que aquel que sigue el camino ya trazado, el de la mayoría en cuánto al enfoque y cuidado de su salud física, tampoco conseguirá resultados extra-ordinarios en este área? No digo que necesariamente esté enfermo. Pero estará a expensas del vaivén de factores que no comprende y no sabe dirigir, reconducir, corregir o revertir, una vez ya se ha «complicado la cosa».

Resumiendo y simplificando: Uno no puede «iluminarse» (quitándole la trascendencia dramática a la palabra) siguiendo a la mayoría sin desarrollar el discernimiento y el criterio propio. Es un camino que no se puede andar yendo detrás del  «rebaño». Pues éste te desvía.

¿Por qué es importante salir del rebaño?

Resumiendo mucho: Por lo previamente mencionado. Pero desarrollémoslo un poco más:

No es que sea malo en sí mismo darle cierta importancia a adaptarse a un grupo social. Hasta cierto punto, tiene su sentido; su lógica.

Pero hay ciertos momentos, en nuestra trayectoria vital, en que es principal detenerse y plantearse si seguir como siempre, o decidirse a andar por otros derroteros.

Por ejemplo, es una clara señal de alarma cuando, después de llevar una vida más o menos «funcional» en la que todo más o menos «va tirando», en algún momento determinado de tu vida, te encuentras de frente con una abrumadora falta de sentido. Falta de trascendencia. Como si no acabaras de entender para qué estás aquí, en este mundo. O encuentras que la vida (al menos, tal como la estás viviendo) es simplemente un callejón sin salida.

Experiencias de este tipo suelen sorprenderte cuando sucede algo importante: La muerte de un ser querido, una ruptura sentimental, un giro inesperado de los acontecimientos… Cuándo, de repente, te das de bruces con la realidad de que te pasas la vida persiguiendo sueños de humo; que se evaporan, que no son sólidos. Que, en definitiva, no alimentan tu alma.

También puede suceder que, sin razón aparente, de manera inesperada te sobrevenga la consabida crisis existencial. Lo que, hasta el momento, parecía tener sentido para ti, simplemente deja de tenerlo. Dejándote desamparado y confuso. 

Del mismo modo, puede ocurrirte que se dan demasiado a menudo esos momentos anodinos, faltos de significado, en los que te sientes desconectado, de algún modo, de la vida y su sentido. Sientes desgana, desánimo, indiferencia. Eso es, también, señal de alerta.

O te encuentras que vas avanzando en una dirección, pero para seguir haciéndolo, has de empezar a hacer cosas que no te acaban de encajar. O has de convertirte en alguien que no te gusta… Puede darse esto, por ejemplo, si para seguir prosperando en tu carrera profesional (cosa que, en principio, querías) tienes que comportarte de un modo que te parece «inmoral».

En todas estas situaciones, y en algunas más, es importante escucharse a uno mismo… Usar el discernimiento…. Desarrollar el propio criterio. Y tener el coraje de empezar a caminar por un sendero menos transitado. Y afrontar los miedos y las dudas. Y desarrollar en tu interior las capacidades necesarias para dar el siguiente paso por esa vía.

Para mí eso es VIVIR.

En cualquier tema.

Y desde luego, en el proceso de la Autosanación, por ejemplo, llega un momento en que necesitas cuestionarte profundamente el paradigma establecido e imperante en relación a la salud física. Necesitas cuestionarte los propios límites, los que te han contado que tienes. 

Necesitas animarte a recorrer otra trayectoria. Atreverte a asumir ciertos «riesgos», tener la fuerza de soportar las críticas o «amenazas» de peligro que aparecen a tu alrededor…

Necesitas estar dispuesto, o dispuesta, a bucear en las ciénagas de tu inconsciente. Asumir la responsabilidad sobre la propia vida y tu estado de salud. A hacer cambios en tu vida. 

A renunciar, quizá, a ciertas «facilidades» que te ofrece el camino establecido como montañas de medicamentos que atenúen tus síntomas y te permitan seguir funcionando como si nada pasara en tu interior… O renunciar, tal vez, a «ayudas económicas» o a pensiones por incapacidad permanente (o similar) que, a priori, te harían la vida más fácil, pero sabes que te acaban limitando..

Son solo alguno ejemplos. Ya entiendes la idea.

 

¿Qué implica exactamente abandonar al rebaño?

A mi modo de ver, no tendría ningún tipo de sentido que esa respuesta estuviera estandarizada de forma demasiado genérica. Es decir, que fueran necesarias ciertas acciones concretas de rebeldía para todo el mundo sí o sí. Y menos aún en un orden o secuencia determinados.

Por supuesto, depende de cada persona, de su situación, de cada momento y de cómo se sienta en cada uno de esos momentos.

Precisamente, abogo por lo singular e intransferible del propio recorrido de evolución y autoconsciencia de cada individuo. Su propio e incomparable viaje del héroe; la particular aventura de la conquista de sí mismo.

Para mí, si hubiera una idea general que indicar en cualquier caso, sería más o menos ésta: 

El momento exacto de dejar de seguir a la mayoría, o a lo que parece el camino ya trazado, es cuándo sientes un llamado, un «tirón» interior y profundo en una dirección distinta. O cuando, directamente, seguir esa ruta establecida te genera malestar; incoherencia.

Es decir, en tu corazón, sientes que no es por ahí. Quizá no hay una explicación demasiado lógica; quizá, incluso, hay un montón de motivos racionales para hacer lo «normal». Quizá te lo aconsejan todos a tu alrededor. No importa. Tu corazón es el que manda.

Sea en la cuestión que sea.

 

Por ejemplo: 

Dejar un trabajo bien remunerado y con mucho prestigio en el que nos sentimos vacíos. 

Otro ejemplo: 

Empezar a hacer cambios en el estilo y ritmo de vida porque los valores que perseguíamos viviendo así, ya no nos representan.

Así que no existe nada preestablecido y estandarizado, creo yo, que tenga sentido para todo el mundo en todo momento.

Y, desde luego, es posible también que no siempre se pueda hacer un cambio radical e inmediato. A veces será necesario reflexionar y decidir un viraje de la trayectoria lento y gradual. 

Lo más importante, según siento, es aprender, poco a poco a escuchar a nuestro corazón. Aprender a discernir nuestra voz más esencial y genuina, de las múltiples voces de nuestra cabeza.

Se trata de ir prestando cada vez más atención a ese impulso, en un principio sutil, que si no atendemos, acaba haciéndose cada vez más vehemente.  Legitimarlo. Darle importancia. Y seguir las «directrices» de los impulsos internos profundos, genuinos e íntimos. Esto es conectarse con el Yo esencial. Es cuestión de trabajo personal, atención, compromiso, autoconocimiento… En ocasiones, de ensayo-error, también.

La situación actual como muestra representativa

Sin extenderme demasiado en esto (pues creo que ya todos tenemos la cabeza bastante saturada por cuestiones relacionadas con «El Evento Único»), la situación social actual del mundo entero es una clara «invitación» (por decirlo amablemente) a seguir en el redil que delimitan para ti sin levantar la cabeza si quiera a mirar.

La presión, el juicio y el señalamiento están servidos si no lo haces.

Mira, mi particular respuesta a quiénes se atrevan tan solo a flirtear con la idea de acorralarme del modo que sea, a mí o a los míos…

No sigo con este tema. 

Solo decirte que te apoyo y te respecto incondicionalmente en tu postura, sea ésta cual sea… Eso sí, te animo de corazón a tomarla libremente.

Algunos ejemplos más

Hablaba con una persona esta semana en consulta, sobre los ritmos naturales de cada persona según su contexto y su momento vital. Y de cómo no respetar esos ritmos nos estresaban de forma inevitable.

Hablo de ritmos a la hora de comer, de trabajar, de descansar. La velocidad que tenemos que poner a cada actividad de nuestro día a día… El tiempo del que disponemos (o no) para descansar, relajarnos, dedicarle tiempo de calidad a la familia, a jugar con los niños, a actividades de ocio…

Evidentemente, casi nadie, respeta hoy día su propio ritmo. En casi nada. 

Esto, aunque lo tengamos más que asumido como parte de lo que implica ser «adulto» en sociedad, realmente es antinatural y muy perjudicial en algunos casos. 

Pues éste es un claro ejemplo de cómo seguir a la mayoría, lo «normal»… No es lo mejor para nosotros ni para los que nos rodean.

Éste es un ejemplo que bien valdría la pena plantearse con detenimiento para intentar, poco a poco, ir dirigiéndose a un estilo que respetara más tu propia naturaleza, y tus propias prioridades.

Otro ejemplo podría ser la educación de tus hijos. Sé que no es fácil, pero sí más que posible que te des cuenta de que muchos de los valores que les enseñan en el colegio, no son los mejores para ellos. O que se prioriza una enseñanza que no es la más útil y práctica para ellos. Etc., etc.

Hay montones de ejemplos, desde luego. Y, como digo, lo más importante es que te dejes sentir, que seas honesto (/a) contigo y sepas echar el freno cuando de verdad sea importante para ti.

Conclusiones finales: ¿Es "malo" el rebaño? ¿Se equivocaba Maslow? Etc.

En cuánto a si es «malo» o no el rebaño, ya lo hemos explicado. No es malo en sí mismo y hay situaciones en las que uno necesita mucho de él. Pero hay momentos en las que, claramente, nos limita demasiado. La sabiduría estriba en diferenciar un momento de otro. Y en tener el coraje de abandonar la multitud cuando sea necesario.

Y, en cuánto a si se equivocaba Maslow… Pues a ver… Yo, personalmente, tengo la humilde opinión de que el conocimiento «oficial» común, mayoritario… Hay que revisarlo. Pasarlo por el filtro del propio discernimiento… No siempre estará equivocado de forma general. Pero sí que no encajará siempre a la perfección para todo el mundo y en todo momento.

Es decir, ¡recomiendo salirse del rebaño también en esto de la aceptación de teorías varias!

Así pues, siento que esto de creerse a pies juntillas, que el camino evolutivo de las personas tiene esos estadios diferenciados (los que marca la pirámide) y que han de recorrerse en ese orden… Es absurdo.

Pienso que uno a veces va errando de un «escalón» a otro. A veces hacia arriba, a veces hacia abajo. Y que incluso, uno se mueve, en alguna fase de su vida, en varias de esas motivaciones principales a la vez, en igual medida. 

Y siento que si siempre necesitamos tener todo lo demás cubierto para llegar a la Autorrealización, nunca llegaremos. Pues, precisamente, esas otras necesidades, nos distraerán y nos alejarán de esa «culminación» en nuestro desarrollo. Pero esto daría para otro post…

Lo dejamos aquí, por el momento 🙂

La próxima semana...

La próxima semana te voy a hablar un poco de mí.

Me pregunta mucha gente, especialmente personas que viven una enfermedad considerada crónica… (Y más especialmente todavía, personas que tienen un diagnóstico de espondilitis anquilosante), cómo estoy exactamente a día de hoy. Hasta qué punto han desaparecido mis síntomas por completo, si hago algún «trabajo de mantenimiento», si además cuido mi salud de otras formas, me preguntan también más si sigo haciendo descubrimientos al respecto, etc.

Así que voy a hablar de todo ello más en detalle en mi próximo artículo. Espero que mi experiencia te sea útil, te inspire y puedas extrapolar aquellos puntos que te resuenen a tu caso particular, «tengas» o no «tengas» una enfermedad.

Como siempre, espero que todo esto te sea de gran utilidad.

Déjame tus comentario y preguntas más abajo, en la sección de comentarios. Estaré encantada de charlar contigo :).

Un abrazo grande y hasta la próxima semana!

Desde 2014 liberada de una enfermedad "crónica" gracias a un proceso de transformación interior. Desde 2015 acompañando a otros a recorrer un camino similar al que hice yo.

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