Posibles resistencias ante la sanación (1a Parte)

El proceso de Autosanación que muestro en esta web, es un camino que puede tener sus recovecos, sus rincones oscuros, sus intersecciones confusas No en todos los casos se vive igual, desde luego. A veces será más doloroso, habrá más bloqueos, más retrocesos y vueltas en círculo. A veces, será más rápido, más directo. Pero siempre hay desafíos.

Por otro lado, tengo más que comprobado el hecho de que cualquier dificultad que encontramos a nuestro paso (ya sea en relación a la Autosanación, o en cualquier viaje de superación que emprendamos), tiene su origen, su causa real en nuestro interior. O dicho de otro modo: «El «enemigo» que percibimos en nuestro mundo externo, siempre está en nuestro interior. Aunque, a menudo, ese «detalle» se nos escape.

Y si conquistas esa parte de ti que te va en contra sin saberlo… Si la conoces, la comprendes, la sanas, la reconduces (porque, al fin y al cabo, tienes la capacidad de hacerlo, ya que dentro de ti, solo mandas tú)… Si haces ese «trabajo» a nivel interno… La batalla estará ganada. 

Si haces una transformación profunda en tu interior, en tu mundo sutil (que es dónde se originan todas las causas), si empiezas a emitir una energía distinta… Las dificultades externas desaparecerán o, simplemente, ya no te frenarán (que es de lo que se trata).

Otro modo de decir esto mismo es que el camino de Autosanación se hace «difícil», a menudo. Pero no tanto porque sea difícil como tal, sino porque la mayoría de nosotros hemos hecho nuestros un montón de «programas mentales» que hemos heredado y aprendido y no siempre nos benefician. Un montón de creencias, condicionamientos… Patrones de percepción, de conducta, de relación… que hemos absorbido sin cuestionar y que nos llevan a somatizar, que nos lleva a alimentar y perpetuar esas somatizaciones. En definitiva, que nos aleja de la sanación propia.

Así pues, cuando una persona va aceptando la idea de que su estado físico es una manifestación de su estado interno y se propone investigar, aprender y sanar desde el interior, puede chocar con esa programación previa, sus inercias y su modo de vivir y entender la vida en general. Y entonces se encuentra ante una especie de colisión de dos fuerzas opuestas: El conocimiento nuevo con todo lo que conlleva, frente a lo antiguo y todas las dinámicas implicadas. 

Cuando nos aferramos a esto último y nos cuesta soltarlo, tienen lugar las resistencias que menciono en el título de este post. Así que, cuando digo «resistencias» me refiero a esos «frenos» que ralentizan la transformación, el aprendizaje… la evolución y uso del Poder Autosanador que todos tenemos; que tú siempre tuviste. 

 

A continuación, paso a señalar algunas de las resistencias más habituales que sé que aparecen en cualquier proceso de sanación, transformación interna, superación personal… Cualquier proceso de trabajo interno con cierta profundidad.

Fíjate en los  

1. Priorizar lo "urgente"

Creo que ésta es la resistencia más común; la que más habitualmente veo, de uno u otro modo. Y es comprensible, dado el condicionamiento colectivo que nos lleva a vivir al ritmo en el que lo hacemos: tener siempre prisas, tener un montón de «deberes» y un montón de «necesidades» (ficticias).

 

Además, tiene el «agravante» de que es difícil detectar como resistencia. Parece una cuestión inevitable y lógica.

Es muy habitual que la persona sienta que no tiene tiempo para ese proceso de sanación, o que «aún» no puede porque antes ha de hacer tal o cual cosa. O que una vez ya lo ha iniciado, aparecen interferencias constantes. Asuntos del día a día, reclamos de las personas del propio entorno, recados varios… que se «meten» por medio y hacen que ponerse a indagar en uno, reflexionar, tomar alguna decisión, leer, tomar esa consulta de terapia… Tenga que esperar. O que un pequeño hábito que la persona había decidido tomar para avanzar en ese proceso, de repente, parece incompatible con seguir el ritmo habitual (y al que no somos capaces de renunciar). Puede ser el caso de la meditación. Decido hacerla cada mañana y, a la semana, tengo la sensación de que no hay manera de hacerla porque mis exigencias del día a día se imponen.

Puede ser una cuestión de tiempo, pero también de dinero, de atención, de energía… Da igual los recursos que necesite mi proceso de sanación. A menudo parece que hay otra cuestión que necesita de esos recursos más «urgentemente».

Sé que a veces cuesta dilucidar en qué es más importante centrarse, pero es necesario pararte de vez en cuando y plantearte seriamente si todo aquello a lo que le dedicas tiempo y energía, sigue siendo prioritario para ti. O tú has cambiado y algunas de esas cosas, pertenecen a tu pasado. Ya no tienen tanto significado para ti. Solamente sigues en ellas por inercia, por costumbre, por no «fallar» a otros, porque te da vértigo dejarlo… Pero no hay una verdadera razón de peso.

Lo cierto es que si algo dentro de ti ha cambiado, anhelarás ver esos cambios traducidos en tu mundo. Y esto no sucederá a menos que le dejes espacio. Que sueltes lo que ya no representa tus valores, por muy «urgente» que parezca.

POR EJEMPLO…

Una madre que tiene que hacer 50.000 tareas y hacerlo todo perfecto, atender a todo el mundo y no le queda tiempo para un poquito de trabajo personal (quizá meditar, hacer sesiones de consulta, ir a caminar a solas para reflexionar, hacer un curso de autoconocimiento, etc.). Quizá esas 50.000 tareas parecen todas imprescindibles pero quizá no es cierto que todas lo sean. Quizá lo parecen porque se las exige a sí misma, porque siempre las ha hecho, quizá porque en su entorno la mayoría de personas lo hacen… Quizá porque su familia está acostumbrada a tener esas atenciones, etc… 

Pero, si miramos en profundidad, es posible que varias de esas tareas, sean prescindibles. Incluso algunas, le alejan del ideal que persigue o transgrede los valores que ahora quiere empezar a defender en su propia vida. Así que hay un momento en el que tiene que afrontar el trance que le puede suponer de verdad cortar con actividades, decir No o priorizarse a sí misma en alguna situación.

2. La "superstición" de la acción

La he querido enunciar así, un poco medio «en broma». Ahora te cuento en detalle en qué consiste:

Cuándo una persona, en un proceso de autodescubrimiento, de expansión de su consciencia, de desarrollo interno en general… Empieza a reflexionar, a analizar su situación, a entender lo que le ha llevado a la situación en la que se encuentra, etc., tiene tendencia a «traducirlo» todo en término de acción: «¿Que he hecho mal?»; «¿Ahora qué tengo que hacer?»; ¿Y esto cómo se hace? Etc., etc.

Cómo si lo más importante fuera lo que se hace o se deja de hacer. Y el cómo se hace la «cosa» en cuestión. 

En un trabajo personal y/o transpersonal de cierta profundidad, se va entendiendo que existen procesos sutiles muy complejos en nuestra psique que acostumbran a pasar desapercibidos para nuestra consciencia y que empezar a verlos y entenderlos marca la verdadera diferencia. Captar esos procesos y ser capaz de influir en ellos es lo que te otorga el verdadero Poder de transformarte y, por ende, transformar tu realidad.

O, dicho de otro modo, se logran cambios de verdad incidiendo en el mundo de las causas. Y el mundo de las causas se encuentra en lo que no se ve, en esos procesos que van más allá de hacer o no algo. Que puede tener lugar independientemente de la acción.

Esto no quiere decir que, en determinada fase de nuestro camino, la acción no sea necesaria e importante. Pero, desde luego, no lo es todo. Ni mucho menos.

Creer esto forma parte del materialismo que se nos ha enseñado a todos. Y es por este motivo, que el común de los mortales no tiene ni la más remota idea de como afectar su realidad. Hacen y hacen erráticamente, sin entender porqué ellos no tienen los mismos resultados que otros que, aparentemente, hacen lo mismo.

Y digo que esto es una resistencia porque centrarnos en la acción, es una forma, normalmente inconsciente, de evitar indagar de verdad en uno mismo. Sentir de verdad lo que tenemos en el corazón, responsabilizarnos de ello, cuestionarnos todo nuestro mundo, incluso nuestras propias «verdades», aprender reacciones distintas, tomar decisiones importantes, etc.

Esta resistencia se da mucho cuando una persona tiene poca experiencia en esto de la autoindagación, el desarrollo personal… o como quieras llamarlo. Y es de entender. Sin embargo, es algo que persiste en el tiempo, incluso en personas con largo recorrido «espiritual». 

Esta resistencia es también muy (pero muy) habitual y, como sucedía también en el caso anterior, puede pasar fácilmente desapercibida y no detectarse como la resistencia que es. Y también es comprensible por el condicionamiento que globalmente, más o menos, todos, hemos recibido.

 

POR EJEMPLO…

Mira, te cuento un ejemplo real reciente: Estaba trabajando con una persona en consulta, el rencor que sentía hacia su ex pareja. Ese rencor le limitaba, le hacía dar vueltas una y otra vez sobre los mismos recuerdos, se envenenaba, le hacía sentirse humillada y menospreciada y le distraía de pensar en su propia vida, de tomar decisiones, etc. Era muy evidente cómo le afectaba, pero no se daba mucha cuenta de ello. Así que intenté explicárselo: Era hora de soltar un poco esa rabia y fijar la atención en sí misma y tomar las riendas de la propia vida. Y esta persona me decía que no sentía rencor ni rabia ya por su ex, que le había «perdonado». Y, para «demostrármelo», procedía a explicarme con lujo de detalles lo amable que era con él por teléfono, los favores que le hacía, las facilidades que le daba, lo mucho que intentaba que el hijo común fuera a menudo a verle, etc.

O sea, era incapaz de ver lo que había en su corazón y reconocerlo (cuándo era más que evidente). Y no paraba de «parapetarse» detrás de un comportamiento forzado para no conectar con sus sentimientos, responsabilizarse de ellos y empezar, entonces, la verdadera sanación. Y pensaba que eran más «reales» sus acciones que sus sentimientos. Mientras no se traspase esa especie de «superstición de la acción», no habrá un verdadero cambio.

3. El peso de tu historia

Con esto me refiero a cuando estamos tan inmersos en nuestra historia, lo que nos ha pasado, quienes somos… Nuestra perspectiva, nuestro punto de vista, nuestras razones… que somos incapaces de reunir la objetividad y la frialdad suficiente como para ir más allá de nuestros paradigmas (algo totalmente necesario para crecer) e ir sustituyéndolos cada vez por «verdades» más «limpias», menos contaminadas, más «universales». 

Todo ello nos lleva a una mayor conexión con nosotros, con los demás y con la vida misma. Todo ello lleva a un mayor discernimiento, a una mayor sabiduría y, por consiguiente, a la sanación de nuestro sufrimiento. A una mayor paz interna.

O, por expresarlo de otro modo: 

Me gusta decir que dentro de nosotros hay dos «yoes» (realmente, hay muchos más, pero para simplificar). Uno es el «yo», construido alrededor de nuestra historia, nuestras experiencias, nuestra percepción de las mismas, nuestro sistema de creencias, etc. O sea, nuestro «ego». Nuestro «personaje». 

Y el otro es nuestro «yo esencial» (insisto, estoy simplificando). 

Nuestro personaje o «falso yo», tiene como máxima aspiración, ser «real» (algo que nunca será) y, por ello, se aferra a lo que le da realidad con una fuerza feroz. Es decir, básicamente, quiere tener razón. 

Mientras necesitemos tener razón, seguiremos repitiendo los mismos errores. Mientras no seamos capaces de corregir con humildad, seguiremos lastimándonos y buscando luego culpables fuera de nosotros.

POR EJEMPLO…

Imagina una persona que se da cuenta de que siempre acaba teniendo un tipo de relaciones laborales poco sanas. Por el motivo que sea, acaba teniendo un tipo de relación con sus «iguales» en el trabajo que le perjudica y le hace sentir mal. Reconoce, hasta cierto punto, que algo debe de estar generando ella misma sin darse cuenta. Y, por ello, pretende trabajarlo. 

Sin embargo, cuando se pone a analizar la situación, o cuando está inmersa en esa circunstancia, no puede evitar sentirse víctima indefensa de los demás y acaba criticando el comportamiento del resto una y otra vez. De este modo, nunca pone el foco en comprender cuál es su papel en todo esto. 

Y estará atrapada en esa situación hasta que se decida de verdad a mirar en su interior. 

La próxima semana...

En este artículo, no he incluido, ni mucho menos, todas las resistencias que observo en las personas que se plantean un proceso de Autosanación. Como he querido desarrollar cada una de las resistencias mencionadas, con cierta profundidad, se me han quedado varias en el tintero. Así que la próxima semana, haré una segunda parte de este artículo para mencionar y explicar algunas resistencias más.

¿Te apetece comentarme tus resistencias? O hacer cualquier observación al respecto de este tema. ¡Me encantará leerte!

Desde 2014 liberada de una enfermedad "crónica" gracias a un proceso de transformación interior. Desde 2015 acompañando a otros a recorrer un camino similar al que hice yo.

Mi Consulta Online

Mis libros

© 2022 Cristina Hortal

Todos los derechos reservados

Accede a esta clase gratuita

Descubre ahora los 18 errores más comunes que puedes estar cometiendo y frenan tu Autosanación sin que te des cuenta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

insert emoticons powered by JavaScriptBank.com