Ilumínate estos días

Y cuando digo: «Ilumínate estos días», me refiero a que aproveches estos días para poner luz a tus sombras, tus zonas oscuras. Solamente por ti, no por nadie o porque lo marque el calendario.

Por el mero hecho de que la oscuridad pesa, fatiga y ralentiza el viaje. E iluminarla implica aligerar tu carga… Es como quitarte un traje sucio, incómodo, que no es de tu talla, para poder andar, correr o volar desnudo, libre, a tus anchas.

Y el hecho de que lo hagas en Navidad es anecdótico. Hazlo siempre que puedas.

Yo abogo por ir quitándole al calendario y sus tradiciones, el poder que le otorgamos: Ir soltando la idea de que hay fechas en las que toca una cosa o la otra. Y empezar a escuchar tu propio ritmo. A veces coincidirá con el calendario, a veces no.

Sin embargo, como es indudable que todos tenemos muchas conexiones mentales y emocionales con esta época, tiene una mayor carga energética que podemos usar como combustible de transformación. 

Para ahondar en esto, vamos a tocar los siguientes puntos: 

 

Resumen de los puntos:

La oscuridad que cargas

¿Qué es la oscuridad, en general? Ausencia de luz.

¿Y qué sería la luz, refiriéndonos a nuestra consciencia, a nuestro modo de estar en el mundo?

Una forma de explicarlo podría ser, por ejemplo:

La luz es la claridad con la que podemos ver quiénes somos en realidad, sin distorsiones, engaños, interferencias.

Tanta más luz haya en nuestra vida, más capaces seremos de conectar con nuestro yo esencial y discernir cuándo nos estamos desviando de nuestro centro y nuestro camino.

Así pues, la oscuridad es justo lo contrario; La oscuridad empieza a invadirnos cuando nos identificamos con versiones más o menos falsas e inferiores de nosotros mismos.

Esas otras versiones de segunda son, en general, «modelos» que hemos cogido prestados de nuestro entorno. «Modelos» en forma de creencias, prejuicios, formas de hacer las cosas, decisiones, rutinas, actitudes, etc., que están (en mayor o menor medida) desconectados de quiénes somos en esencia y de nuestro verdadero potencial. Así, pues, si nos identificamos con esos otros modelos, nos desviamos de nuestra ruta. Dejamos de seguir nuestro corazón, de ser espontáneos y genuinos, de identificar lo que de verdad queremos hacer, de distinguir quiénes queremos ser de verdad.  

El denominador común de todos esos modelos «impostores» es el miedo. Es su sustrato base. A veces, éste se manifiesta de forma contundente y obvia; otras veces es más sutil. Cuesta más verlo. 

Pero siempre…

Cuando nos aferramos demasiado a uno de esos «trajes» que nos ponemos, lo que nos mueve es el miedo a estar «desnudo».

El "papel" del Sistema en todo esto

Cuando hablo de «sistema», me refiero al entramado vasto, gigante, de normas y procedimientos que regulan el funcionamiento de nuestra sociedad occidental. Toda nuestra vida en sociedad está mediada por ese sistema. Y se filtra en todas las áreas de nuestra vida en sociedad (también demasiado en nuestra vida íntima).

No quiero extenderme en esto. Pero, básicamente, hay 4 grandes «entes», que dictan esas directrices que todos seguimos. Cuatro grandes Paradigmas (aún) Imperantes que dirigen y encauzan el movimiento de las grandes masas:

  • Política
  • Economía
  • Ciencia
  • Religión

Pero, de esos grandes «bloques», de esos enormes «troncos» se derivan muchas más ramificaciones: La industria, los medios de comunicación, la medicina, la educación, etc. Y, a título personal, nos afecta, por ejemplo, a modo de:

  • Estilo de vida
  • Hábitos de consumo
  • Nuestro sistema de valores, la moral, normas sociales implícitas…
  • Nuestra mentalidad, moldeada por múltiples creencias limitantes
  • Etc.

Lo que trato de expresar en pocas palabras, es que, todos nosotros somos humanos con una esencia espiritual, una «chispa divina». O, dicho de otro modoL

Somos seres espirituales teniendo eventualmente un experiencia humana.

Nuestro yo esencial, tiene unas inclinaciones naturales hacia la evolución, hacia la experiencia de unidad y de Amor. Sin embargo, El Sistema, trata de canalizar (desviar) ese impulso hacia su propio interés, apelando a nuestra humanidad más instintiva, más ligada a lo animal. 

¿Por qué? Porque apelando a nuestro miedo instintivo (la función del cual es sobrevivir ante peligros inmediatos y tangibles), y estimulándolo de forma desproporcionada, generando que el miedo se extienda y mantenga en nuestra psique y nuestra vida, se nos puede doblegar mejor. 

 

Es a través del miedo que nos venden cincuenta mil remedios preventivos. Nos mantienen así necesitando cosas, y necesitando trabajar mucho para poder comprarlas. Nos mantienen subyugados a trabajos que aborrecemos, estresados y sin tiempo libre. Nos mantienen dóciles ante los que entendemos como las «figuras de autoridad» que nos proveerán de aquello que (tanto) necesitamos. Y es a través del miedo que nos pueden «colar» cientos de medidas coercitivas y de control, en nombre de nuestra protección y seguridad. Por citar algunos ejemplos.

Este control da fuerza y poder a nuestro «querido» Sistema. Nos lo roba a cada uno de nosotros. O cada uno de nosotros se lo cede, sin darse cuenta.

Así pues, el Sistema lleva inoculando el miedo en nuestra psique por activa y por pasiva desde que nacemos.

Parece que me he desviado un poco del tema inicial, pero ahora lo aúno. 

Vamos con la navidad, pues…

La Navidad que nos propone el Sistema

Como ya hemos dicho, entonces, la oscuridad es la ausencia de claridad para distinguir quién eres de verdad y cuál es tu verdadero camino (realizarte y dar al mundo tu mejor versión, evolucionar en Amor, libertad, coraje, sentido de unidad y armonía con todo y con todos…). 

Y, como hemos dicho también, tanta más oscuridad (o falta de luz) haya en tu vida, más te identificarás con modelos de pensamiento y conducta falaces, fraudulentos. «Trajes» que cubren tu autenticidad y te alejan de conectar con tu esencia y tu recorrido.

También hemos aclarado que la oscuridad se nutre del miedo. Y hemos hablado también de cómo el Sistema estimula ese miedo para que pongamos nuestra vida a su servicio.

Bien, pues a lo largo de la historia ha pasado lo mismo:

El sistema social imperante trataba de canalizar nuestras fuerzas e inclinaciones naturales a través de sus propuestas, para que nutriéramos a ese «monstruo», sin saberlo.

Por ejemplo, las diferentes religiones han intentado dar respuestas a nuestras inclinaciones naturales hacia la espiritualidad, hacia la búsqueda de la Verdad. Sin embargo, se desviaba ese anhelo hacia un dogma determinado que excluía a todos aquellos que no eran adeptos a tal o cual religión, potenciando las diferencias, el rechazo y la lucha.

Se canalizaba nuestra necesidad genuina de conectar con algo más grande que nosotros mismos, y se nos acababa colando un «chantaje emocional» a través del cual, si no eras un buen «fiel», arderías en el infierno. O sea, nos dominaban a través de la culpa y el miedo, como no.

Otro ejemplo puede ser la Ciencia del Sistema (sesgada, corrupta, contaminada por intereses financieros) para sustituir nuestra necesidad de verdadero conocimiento, de comprensión de la realidad.

Pues con la Navidad, más de lo mismo: Se desvía nuestra inclinación de unión, celebración y fraternidad hacia sucedáneos de todo esto mucho más rentables. Y así, no paramos de recibir (o ser bombardeados con) mensajes (implícitos, pero cada vez más explícitos), tales cómo:

  • «Demuestra tu amor con regalos caros» 
  • «Comparte con los tuyos con comida también cara y miles de complementos superfluos»
  • «Disfruta con grandes (y caras) fiestas»
  • «Luce con las mejores galas, para que se note tu valor y tu felicidad».
  • «Sé el anfitrión perfecto para que sepan cuánto les quieres (o te envidien)»
  •  Etc.

No es que nada de esto sea malo en sí mismo.

Lo «malo» es que, sin darnos cuenta, sustituimos con todo esto la verdadera alegría, la verdadera entrega. El compartir honesto y humilde que nuestro corazón anhela. 

Lo triste, por ejemplo, es que en lugar de ser consciente de cuánto amas a tus hijos, de sentirte agradecido por tenerlos y otorgarles un instante de presencia completa, de expresarles como puedas ese amor incondicional, de regalarles tu tiempo por una vez, sin prisas… En lugar de eso, corras de un lado a otro estresado para encontrar el mejor regalo (que al final, suele ser como todos los demás, y la satisfacción que les causa, dura apenas un rato…

Lo que ya te viene sobrando es ese montón de quehaceres, ese montón de presiones y autoexigencias que te agotan y te hacen temerle a la próxima Navidad.

O lo que ya va siendo hora de mandar al carajo, también, es la sensación de vacío gigante que puede quedarte si tú Navidad (por el motivo que sea) no se parece en nada a la que nos venden en las pelis y los anuncios de la tele.

Cómo usar estas fechas para iluminar tus sombras

Es un buen momento para quitarte algunos «trajes» que ya te pesan y te lastran demasiado.

Como dije al principio, siempre es buen momento para hacer ese gesto. Siempre.

Pero el egregor de la navidad es colosal. Y sucede a menudo que, aunque «trabajemos» durante el año de forma transversal en nuestra consciencia (y esto pasa necesariamente por desaprender toda aquella «programación» que nos desconecta de nosotros mismos) llegan eventos como éste, con tanto peso social, con tanta tradición y nos arrastra sin que nos dé tiempo a pestañear. Y puede dejarnos un mal sabor de boca. Una sensación de que otra vez, nos hemos dejado llevar hacia algo que no queremos.

Y no me refiero tanto a que dejes de hacer lo que solías hacer arrastrado por la vorágine (que también, si así lo sientes), como que vayas soltando las «raíces» de miedo que te anclan a ese «traje». Por ejemplo, puedes rastrear esa presión por ser el mejor anfitrión y darte cuenta de que se esconde el miedo a no ser aceptado, y puedes descubrir que ese miedo nace de una falta de confianza en ti mismo. Y puedes hacer un paso hacia adelante (el que tenga sentido para ti) para conquistar esa autoconfianza. Luego, puedes preparar con esmero, igual, esa fiesta en tu casa. Pero tu energía habrá cambiado radicalmente.

Lo harás por gusto, con disfrute, con amor. Soltando las expectativas y, con ellas, la ansiedad. O puede que lo hagas consciente de que todavía te domina mucho esa necesidad de «gustar», pero al tomar consciencia, observarlo y perdonarte por ello, ya estás liberándote.

No te sientas culpable si ya te has dejado arrastrar por alguna presión o estereotipo navideño (como estresarte mucho por hacer los mejores regalos o presionarte con quedar bien en la cena de nochebuena, por ejemplo). Simplemente date cuenta. Perdónate, sonríete. Observa el miedo que hay detrás y anímate a dar un paso al frente. A soltar un poco más ese «traje».

La Navidad del Sistema, este año

En concreto, la Navidad que nos propone nuestro amado Sistema este año, ya supera lo grotesco y surrealista. 

Ya es como para, si hasta ahora no te has cuestionado en serio que lo que nos enseña nuestro tóxico «papi» (leáse cualquier figura que se erija como autoridad y representante del Sistema, como el gobierno, el Estado, el Presidente, un policía, un famoso diciendo gilipolleces en la tele…) hacerlo muy seriamente. 

Y sospechar que quizá (y solo quizá) no es nuestro bien lo que buscan, a pesar de ese paternalismo exacerbado (y ya agobiante hasta decir basta).

  • El sistema nos propone una Navidad «solidaria» (porque nos hemos medicado forzosamente para «proteger» al mundo. 
  • Una Navidad obedeciendo directrices ilegales que atentan directamente contra nuestros derechos fundamentales (en nombre, claro, de nuestro bien, y sabiendo que, una vez se vulnera un derecho es muy difícil recuperarlo). 
  • Una Navidad en la que se habla hipócritamente de solidaridad mientras se promueve el odio, el miedo y la segregación (ahora, eres un fiel de la «santa madre ciencia» o eres un hereje).
  • Una Navidad en la que las familias se verán divididas entre «ciudadanos ejemplares» e «irresponsables egoístas».
  • Una Navidad en la que sustituyas los abrazos por videollamadas o distancias en la mesa, mascarillas, ventanas abiertas y mucho miedo (que eso protege y demuestra «responsabilidad»).
  • Una Navidad, eso sí, en la que consumas un montón. Y palies tu vacío existencial llenándolo con compras en Amazon.

Una maravilla, vamos.

Lo que yo te deseo estas fiestas

Deseo, principalmente, que mandes al cuerno esa navidad de postureo; esa carcasa vacía sin «sustancia».

Que dejes de creerte esa felicidad enlatada tan decepcionante y conquistes, desde tu corazón y sin necesidad de ningún aditivo, los sentimientos de fraternidad, unión y Amor que te van a hacer fuerte de verdad.

Que aprendas esa entrega genuina que, lejos de drenarte, te nutre, te alimenta.

Deseo que te quites los «trajes» que puedas estos días. Y que eso te sirva para seguir con el «desnudo» en tu día a día.

Que compres menos, y des más.

Que aparentes poco y seas mucho.

Que demuestres tu solidaridad y tu Amor, no con precauciones estúpidas sino con abrazos valientes y sentidos.

Que respetes a los demás, pero también a ti mismo. Que te atrevas a alzar la voz para decir lo que piensas y lo que sientes (aunque no guste), sin que nadie te calle; sin que el tabú se haga el dueño del momento.

Te deseo, en definitiva, que lo que eres brille por encima de tu fachada. 

La próxima semana...

Ésta va a ser la última publicación de este año y hasta el final de las fiestas navideñas.

Así pues, nos vemos el domingo, 9 de enero.

¿De qué te voy a hablar? La verdad, no lo sé… Faltan días, así que me lo dejaré sentir. 

Puede que haga algunas reflexiones post navideñas… Puede que cuente alguna experiencia personal.

Puede que hable de cómo no sucumbir a la tiranía, a la presión de grupo, al miedo… A propósito de lo que estamos viviendo, y en general.

Puede que desarrolle algún aspecto de la sanación natural más centrado en la sanación interna… O puede que analice a fondo alguna enfermedad en concreto…

¿Qué te gustaría a ti? ¡Proponme un tema! 

Déjalo por aquí en los comentarios o escríbeme a mi correo: contacto@cristinahortal.com

¡Un abrazo grande y nos vemos en 2022!

Desde 2014 liberada de una enfermedad "crónica" gracias a un proceso de transformación interior. Desde 2015 acompañando a otros a recorrer un camino similar al que hice yo.

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2 thoughts on “Ilumínate estos días

  1. Gracias Cristina, me encantó este post porque resuena mucho con lo que vengo pensando de las fiestas desde hace varios años.
    Un día desperté y me dí cuenta que esos festejos que todo el mundo hace ya no eran adecuados al significado espiritual que tienen para mí.
    Ví, que como todas las familias, seguíamos el libreto del Sistema, todos los años igual. Así que desde ese día, tomé la decisión de hablar con mi familia y les dije que ya estaba cansada de todo eso y que iba a festejar con ellos de otra manera. Sin comilonas, sin regalos, sin reuniones impuestas. Y así lo hago desde entonces y hoy más que nunca.
    Es bueno saber que hay otras personas, que piensan igual. Porque me hace ver que tan equivocada no estoy.
    Muchas gracias por tus sabias palabras y te deseo una muy feliz Navidad iluminada.

    1. Hola Cristina, muchísimas gracias por tu comentario; por compartir por aquí tu perspectiva y experiencia. Los «perros verdes» necesitamos mostrarnos, expresarnos y ocupar nuestra posición para que otros dejen de esconderse dudosos de un criterio minoritario. Vamos a distinguirnos de la masa, vamos a marcar otros caminos y así nos encontraremos, nos daremos fuerza…. Vamos a crear nuevos criterios, escuchando a nuestros corazones, no de manera ciega y atolondrado. No solo en lo que respecta a la navidad, obviamente. Si no en todos los aspectos de la vida. Como dices, hoy más que nunca.
      Un abrazo grande!

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