No confundas el «a dónde» con el «por dónde»

En la travesía de la vida, nuestros logros y satisfacciones están muy ligados a nuestra capacidad para establecer metas significativas y concretas. Los objetivos no solo actúan como faros que iluminan nuestro camino, sino que también dotan de propósito a nuestra existencia diaria. Porque nos movilizan, nos empujan a desarrollarnos, a desplegar nuestras fortalezas y talentos potenciales. Solo por eso, la capacidad para establecer de forma eficiente nuestros propósitos, constituye un soberbio aliado de vida.

Lo más probable es que ya sepas esto y que te hayas propuesto, a lo largo de tu recorrido vital, un montón de propósitos. Desconozco el éxito o fracaso que habrás obtenido al respecto, pero seguro que te has ido dando cuenta de la importancia de acertar en la elección, plantearlos de forma correcta y perseverar sorteando obstáculos.

Estoy segura, también, de que has leído o escuchado teorías y técnicas en relación a esto. Y seguro que todo ello te ha resultado útil. Hasta un punto u otro.

En este artículo, voy a dar por sentado que tienes una buena base y vamos a ir un poco más lejos de lo humanamente entendido como «normal». Vamos a ir a por nota. Te voy a dar unas claves específicas para que revises y rastrees un sesgo muy habitual que condiciona tu mente para que, en el mismo segundo en que empiezas a formularte un objetivo, te estés ya auto saboteando y limitando sin darte cuenta, desviándote de tu camino o dando demasiados rodeos.

El hecho de que apuntemos a ello con este artículo, te servirá para que puedas detectar este automatismo a tiempo real cuando estés cayendo en él y puedas reconducirte, enfocándote de una forma desconocidamente poderosa en lo que de verdad quieres.

Vamos.

Un muro invisible

Finge por un momento que te planteas un objetivo X ahora mismo, solo para observar lo que hace tu mente.

Seguramente, cuando te planteas un objetivo o meta, antes incluso de concretar lo más mínimo ese primer atisbo de propósito, rápidamente y de forma automática, tu mente empieza a barajar posibilidades que tiene al alcance. Posibles formas de lograr esto. Y las maneras y caminos que acuden a tu cabeza, suelen basarse en experiencias pasadas, historias que conoces, lo que te parece normal, posible, o correcto, etc.

Es decir, tu mente se va rápidamente a lo que ya conoce. O dicho de otro modo: Para alcanzar o crear algo nuevo, nuestro pensamiento, acude a «materiales viejos».

¡Aquí ya tenemos varios desvíos mentales y no han pasado ni unos segundos! Vamos a revisarlo y desgranarlo a lo largo de las próximas líneas para que tu «ojo de la consciencia» esté cada vez más despierto y atento y puedas reconducir tu rumbo cada vez que te desencamines.

Fíjate de nuevo. Intenta detectar un sueño o anhelo que esté vigente para ti en la actualidad y que lleve contigo cierto tiempo. ¿Cuántas veces te han desanimado montones de objeciones que se han agolpado en tu cabeza tan pronto te has permitido fantasear por un segundo con ese sueño?

Pongamos un ejemplo:

Tu corazón se acelera cuando ves la obra de algún artista sobresaliente en un ámbito que te encanta. Has fantaseado a veces con dedicarte a ello. Y, rápidamente, aparece en tu cabeza el montón de horas que tendrías que dedicarle a su aprendizaje; la cantidad de dinero que tendrías que gastar en formaciones; la necesidad de una multitud de contactos que no tienes; piensas también quizá que tu personalidad y estilo de vida no corresponde con el perfil habitual de esa clase de artista y que no encajarías en ese mundillo; te recuerdas que tienes que pagar la hipoteca, por lo que no podrías dejar tu actual trabajo y, por lo tanto, no te queda tiempo para dedicarle a esto… 

Etc., etc.

¿Te resulta familiar? Solo es un ejemplo aleatorio. Extrapólalo a tu caso.  

¡Pues aquí ya estamos atrapados en nuestra propia prisión mental y no nos estamos ni enterando!

Lo peor es que, como creemos que estamos siendo «realistas» y/o «sensatos», no revisamos esos frenos que parecen totalmente tangibles e incuestionables. Es algo que a cualquier persona de a pie le sucede por defecto, a menos que goce de una sabiduría extraordinaria innata, o la haya ido cultivando a fuerza de auto indagación y trabajo personal.  

Y lo más peligroso de esta limitación interna (y de cualquier otra) es su «invisibilidad» o, mejor expresado, nuestra incapacidad para verla. Porque entonces es cuando repetimos la misma estrategia ineficaz una y otra vez, sin entender por qué fallamos.

De ahí la importancia de darse cuenta. De abrir ese «ojito» interno para «pillarse» uno a sí mismo en sus propias trampas.

Confundes el "a dónde" con el "por dónde"

El inconveniente principal de este modo de encarar un objetivo es el siguiente:

Estás dando por sentado que las vías que tu mentalidad contempla como posibles son las únicas que existen. Con lo cual, no expones a tu mente a una posible y muy favorable expansión. Y, sobre todo: Estás desviándote hacia los «cómos» sin haber aclarado todavía el «Qué». 

Tu mente se maneja más cómoda en los asuntos de la forma, los pasos externos. Los «cómos». Es por esto que, como digo, tan pronto cuando nos planteamos un cambio, nos bloquea una pregunta del tipo: «Vale, sí, sé lo que he de hacer, pero… ¿Cómo lo hago?» Y nos parece lo más lógico. No lo es.

Y tenemos esta tendencia porque para ello usamos la mente concreta (y la tenemos mucho más ejercitada que la mente abstracta). Así que nos sentimos más seguros en ese terreno. Sin embargo, no es ni mucho menos lo más efectivo. Es como en el chiste aquel del borracho que pierde las llaves y las busca  bajo la farola porque hay más luz, aunque no sea el lugar dónde las perdió.

Y lo que conseguimos es desanimarnos con las objeciones o enfocarnos en los pasos logísticos. O una mezcla. En cualquier caso, lo que sucede, básicamente, es que dejamos de profundizar en el «qué» queremos, no lo perfilamos correctamente. Por lo tanto, no tenemos claro a dónde vamos y así no hay modo de trazar una ruta acertada.

¿De verdad sabes lo que quieres?

En verdad, aquello que queremos, aunque nos lo parezca, no es algo externo. Nunca lo es.

Lo que de verdad anhelamos es una realización interna; un estado del Ser. 

Por ejemplo, volvamos al caso hipotético de tu vena artística frustrada: Tú puedes racionalmente creer que lo que quieres es ser famoso, vender muchas obras, tener las mejores críticas, ganar dinero o algo así. Pero lo que de verdad conmueve a tu corazón cuando contemplas ese arte; lo que inicialmente te llevó a desear ser artista es algo más abstracto, más profundo e intangible. Como, por ejemplo, tener disponible una vía para canalizar estados afectivos difíciles de expresar de otro modo, y comunicarte así con otros de un modo inusualmente íntimo (me lo invento).

Pues es mucho más poderoso ahondar en el estado interno que estás anhelando que centrarte en la forma externa de conseguirlo. ¿Por qué?

  • Porque haciendo consciente al detalle el estado interno que anhelas, evitarás luchar por conseguir metas que, una vez conseguidas (con el esfuerzo y tiempo que supongan), te dejen igual de vacío.  
  • Porque esa concreción en sí misma ya es un viaje de autoconocimiento que te va a servir para mejorar tu relación contigo mismo y eso te será útil en cualquier área de tu vida.
  • Porque sabrás mucho mejor detectar y aprovechar las oportunidades que te acerquen a ese estado.
  • Siguiendo con lo anterior, porque descubrirás nuevas formas y caminos de llegar que no habías tenido en cuenta. Y eso expande tu mente y aumenta tus posibilidades de éxito.
  • Porque, al adentrarte en el estado anhelado, ya conectas con él y eso te hace feliz antes incluso de conseguir el resultado externo. Esto eleva tu vibración, abre tu corazón, estimula tu inspiración, te llena de energía, etc. Y todo ello te pone en la mejor de las predisposiciones para poner la directa hacia tus metas.
  • Etc.

 

Para acabar...

Este tema podría ramificarse mucho más, evidentemente, como cualquier otro relacionado con la expansión de la consciencia. Espero, no obstante, que este pincelada te sea útil y efectiva para desencallarte un poco en la realización de una vida satisfactoria y con sentido.

Si te apetece que amplíe el tema o te gustaría que abordara cualquier otro, escríbelo en los comentarios y lo tendré en cuenta. Y recuerda que siempre podemos trabajar de forma conjunta en tu caso específico.

¡Un abrazo muy grande y hasta el próximo contenido!

Déjame cualquier comentario o pregunta más abajo, en la sección de comentarios de este blog o en youtube. Estaré encantada de leerte y responderte :).

¡Un abrazo grande y hasta el próximo contenido!

Desde 2014 liberada de una enfermedad "crónica" gracias a un proceso de transformación interior. Desde 2015 acompañando a otros a recorrer un camino similar al que hice yo.

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4 thoughts on “No confundas el «a dónde» con el «por dónde»

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