ERRORES… ¿EXISTEN?

¿Y si los errores no existiesen?

Hace unos días leí este artículo «por casualidad» y algunas de las palabras y frases que en él aparecen impactaron en mi conciencia. Lo cierto es que aún revolotean por mi cabeza apareciendo en los momentos más inesperados.

El "momento clic"

¿Sabes cuándo has pensado sobre algo mil quinientas veces y te crees que lo comprendes o que tienes una sólida opinión al respecto y, de pronto, en la vez que hace mil quinientas una que te expones a esa idea, te das cuenta de que no lo habías entendido en absoluto hasta ese momento?

Bueno, quizá esto no le pasa a todo el mundo, pero a a mí me pasa alguna que otra vez.

Es el «momento ahá», o «el momento clic», como prefieras. Cuando todas las piezas de un puzzle que antes no comprendías del todo, de repente deciden encajarse a la perfección ellas solitas.

Sí que te ha pasado, seguro 🙂

Pues eso me pasó a mí el otro día al leer el artículo en cuestión.

Bueno, esa idea en concreto. El resto del artículo está bien pero lo que no me deja en paz es un auténtico tambaleo del concepto ERROR que se ha instalado en mi mente de forma obstinada y ciertamente desconocida hasta el momento.

¿Los errores existen?

La autora del artículo lo expresaba así:

Imagina tu vida sin que existiese la palabra error. No te hablo de que aprendamos de ellos, ni saquemos enseñanzas del tipo, todo pasa por algo, sino de que no hubiese cabida en nuestra mente para ese concepto. ¿Cómo sería tu vida? La mía sería un vida sin juicio, sin culpa, sin remordimientos, sin estrés, sin ansiedad, sin vacíos internos, sin discusiones, sin querer tener la razón, sin excusas, sin métricas… en definitiva… sin miedo. 

Me gusta especialmente la parte en que dice «no te hablo de que aprendamos de ellos, ni saquemos enseñanzas del tipo, todo pasa por algo, sino de que no hubiese cabida en nuestra mente para ese concepto». Porque hace alusión aun comprensión total, sin peros.

Una aceptación sin filtros de todo lo que acontece en nuestra vida.

Sin juicios.

Después, pasaba a hacer una reflexión sobre la total subjetividad del concepto ERROR. Lo que para unos es un error dramático, para otros es un tropezón sin importancia, y para otros aún, ha sido incluso una oportunidad maravillosa.

¿Cuál de los tres grupos tiene razón?

La respuesta es tan obvia que uno se siente incluso ridículo.

Pero, una vez más, como todo lo que tiene que ver con el «despertar de la conciencia» (no quiero sonar rimbombante, ya me entendéis, me refiero a esa comprensión que le llena a uno de paz) no basta con comprenderlo intelectualmente.

De hecho, eso sólo generará más confusión en tu vida.

Una profunda y sincera comprensión en cambio… Uff… Libera muchísimo. Hace que uno no pueda dejar de sonreír, por dentro y por fuera.

¿Por qué nos hacemos esto?

Así es exactamente cómo me sentí yo cuando leí este post y tuve mi particular «momento clic»: Liberada.

Y, lo que es más, en las horas y los días siguientes (ya te digo que sigo digiriendo este «descubrimiento»), continúo igual.

¿Cuánto daño ha sido capaz de hacernos en nuestra vida el juicio sin siquiera percatarnos? ¿Cuántos años hemos estado convencidos de que no había otro modo de interpretar la realidad?

Lo curioso del caso es que, a pesar de ese «clic» poderoso, volveremos a renegar del error. Volveremos a juzgar.

Andamos por el mundo, secreta pero rematadamente convencidos de que, en el fondo, ha de haber una resolución buena y otra mala para cada cosa que nos ocurre.

Está muy bonito escribir y leer en un artículo como éste que los errores no existen.

Queda muy hippie decir que «todo pasa por algo».

Lo malo es que, en gran parte de los casos, se trata tan sólo de un consuelo (para otros o para uno mismo), pero e

Somos hipócritas

Creo que hay una parte de nosotros enamorada del juicio, la lucha, incluso del sufrimiento.

¿Qué pasaría si lo comprendieras de verdad?

Así es exactamente cómo me sentí yo cuando leí este post y tuve mi particular «momento clic»: Liberada.

Y, lo que es más, en las horas y los días siguientes (ya te digo que sigo digiriendo este «descubrimiento»), continúo igual.

¿Cuánto daño ha sido capaz de hacernos en nuestra vida el juicio sin siquiera percatarnos? ¿Cuántos años hemos estado convencidos de que no había otro modo de interpretar la realidad?

Lo curioso del caso es que, a pesar de ese «clic» poderoso, volveremos a renegar del error. Volveremos a juzgar.

Andamos por el mundo, secreta pero rematadamente convencidos de que, en el fondo, ha de haber una resolución buena y otra mala para cada cosa que nos ocurre.

Está muy bonito escribir y leer en un artículo como éste que los errores no existen.

Queda muy hippie decir que «todo pasa por algo».

Lo malo es que, en gran parte de los casos, se trata tan sólo de un consuelo (para otros o para uno mismo), pero e

Somos hipócritas

Creo que hay una parte de nosotros enamorada del juicio, la lucha, incluso del sufrimiento.

Una última reflexión

¿Merecen tu atención estas posibilidades?

Quizá te sale a cuenta empezar desde ya a prestar muchísima atención a tus juicios para ser consciente de ellos cuando los emitas de manera automática.

Quizá sea buena hora para cuestionarte seriamente si ese juicio tiene sentido para ti y realmente te aporta algo.

Quizá es momento de adiestrar tu mente para liberarla de su propia cárcel.

Desde 2014 liberada de una enfermedad "crónica" gracias a un proceso de transformación interior. Desde 2015 acompañando a otros a recorrer un camino similar al que hice yo.

© 2015-2026 Cristina Hortal

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