APRENDE A DECIR NO


DI NO PARA DECIRTE SÍ A TI

A menudo, para decirnos sí a nosotros mismos, tenemos que decir  no a otros.

¿Te pasa a menudo que sientes la obligación, moral o social, de asistir a algún evento, hacer un regalo, contestar a una llamada telefónica o algo similar?

¿Te sientes culpable si no complaces a tu madre cuando te pide que vayas a visitar a un familiar porque «debes hacerlo»?

Sientes que es tu obligación quedar bien con los amigos de tu pareja para que ésta esté contenta?

¿Si te piden un favor te parece impensable no hacerlo?

Es más: ¿Luego te quedas frustrado, resentido o sintiéndote imbécil?

Si esto te pasa más a menudo de lo que te gustaría, y te das cuenta de que no te hace sentir bien, ¡sigue leyendo!


¿QUÉ SE ESCONDE TRAS LA INCAPACIDAD DE DECIR QUE NO?

Por supuesto, y como ya habrás deducido, esto denota cierta falta de autoestima.

Tu necesidad de complacer a otros para ganarte su aprobación, es señal de que dudas de ti y necesitas que otros te quieran.

Sin embargo, no es tan fácil como parece corregir esta conducta en la vida real. A veces, ni siquiera resulta fácil detectarla, ya que hemos aprendido a complacer a los demás por obligación desde pequeños y ésto nos sale de manera automática y lo más común es que no veamos nada raro en ello.

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Además, también nos  parece la mar de común pasar interminables horas quejándonos de dicha obligación con alguien de nuestra confianza.

O no pronuncias a menudo frases como esta:

«Uf, ahora tengo que ir a aquella aburrida cena que organiza mi primo. No me apetece nada. Me quedaría en casa tranquilamente viendo una peli con mi novio. Estoy cansada y es el único rato que tenemos para estar juntos. Además, nunca sé de que hablar con ellos en esas cenas , porque me parece una chorrada casi todo lo que dicen».


RESPÉTATE

No soy yo quién para valorar si es positivo o no ir a la cena de tu primo.

De lo que sí estoy segura es de que ir en esas condiciones es lo peor que puedes hacer para tu bienestar interno.

La coherencia es absolutamente indispensable para la paz interior. En el caso mencionado tendrías dos opciones: o bien encuentras el modo de cambiar de opinión y darte cuenta de que ir a esa cena te beneficia de alguna forma y eliges ir libremente, o bien no vas. Así de sencillo.

Pero jugar a dos bandas (alimentar tu rechazo de la situación y por otro lado obligarte a acatarla) asegura el conflicto interno.

Y no puede ser de otro modo: Te estás enviando señales contradictorias, te estás traicionando a ti mismo y envías a tu inconsciente el mensaje de que no mereces ni tu propio auto respeto.


UN CÍRCULO VICIOSO

mandala-1286290_640Dicho de otro modo, la necesidad de aceptación por parte de otros demuestra que te quieres poco. Pero es que el hecho de contradecirte constantemente y someterte a situaciones que, por otro lado detestas, perpetúa y agranda tu falta de autoestima.

Y no hay detalles pequeños en esto. O te respetas o no te respetas. El inconsciente no hace distinciones.

No caigas en el error de pensar que si estás accediendo a algo que no te apetece hacer (o por el contrario dejas de hacer algo que sí te apetece) que parece pequeño o sin mucha importancia, no tendrá repercusiones en tu bienestar. Cualquier autotraición es una autotraición. No hay matices aquí porque se empieza por poco y es difícil poner un límite.

Del mismo modo, no está más justificado el hecho de que parezca ser por una buena causa, como por ejemplo, evitarte problemas con tu jefe, hacer sentir bien a alguien que te da pena o conservar tu trabajo (que por otro lado, probablemente detestas).


TÚ VERÁS

Tú verás qué lugar ocupas en cada pequeña decisión y cuáles son tus prioridades.

No seré yo quién te diga lo que has de hacer. Y comprendo que a veces cuesta no intentar complacer las expectativas que otros tienen de nosotros.

Yo lo único que te digo es que traicionarte a ti mismo, de la manera que sea, tiene un precio, y no suele ser barato.

De acuerdo si quieres reirle la gracia a tu compañero para evitarte problemas mientras aprietas los dientes, pero luego no te sorprendas (y por favor deja de quejarte)si te sale una úlcera, se te cae el pelo, padeces de estrés, llegas a casa malhumorado o simplemente eres infeliz.

Creo que muchas veces tenemos las prioridades mal ordenadas. Nuestra felicidad y nuestro bienestar deberían encabezar la lista.

¿De qué te sirve parecer un ejemplo a seguir si estás amargado y, además, tus buenas obras, no son muy honestas que digamos?

Yo realmente prefiero mil veces que un amigo me diga que no le apetece hacer algo conmigo, a que lo haga por compromiso y a disgusto.

Otro tema es que no hace falta ir por el mundo siendo cruel, desagradable o hacer daño gratuitamente.

Hay muchísimas maneras de decir las cosas y la asertividad es una herramienta fabulosa para estos casos. Dominarla te hace la vida más fácil.


¿VAS A VIVIR PARA SIEMPRE?

Te pregunto esto porque creo firmemente que cada segundo cuenta. Creo que hemos venido a este mundo a ser lo más felices que podamos.

Y, si bien es cierto que la vida trae consigo momentos duros y difíciles, no tiene sentido que lo compliquemos todo más aún yendo en contra nuestra. Nadie sale beneficiado de eso a largo plazo. Ni siquiera aquél a quién tratamos de complacer.


¿Y TÚ QUÉ OPINAS?

¿Quieres compartir tu punto de vista? ¿Estás de acuerdo o se te ocurre alguna objeción? ¿Se te hace difícil llevarlo a la práctica? Te espero en los comentarios.

 

 

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