A propósito de las últimas restricciones…

Tenía pensado publicar otro contenido esta semana… Me apetece escribir y tengo previstos algunos temas para unos cuantos posts escritos las próximas semanas.

Sin embargo, he cambiado de idea. Lo entiendes, ¿verdad? Y es que no es para menos… 

A raíz de las últimas novedades en cuánto a la aprobación de ciertas leyes de nuestro querido gobierno, digo: «Voy a decir alguna cosilla». Y aquí estoy.

Lo cierto es que no estoy demasiado al tanto de los últimos eventos al detalle. No veo las «noticias». Hace aproximadamente 13 años que dejé de ver la tele de forma habitual (aunque ya desde antes apenas la veía). Lo hice de forma orgánica, natural y sin pensar. Poco a poco, me lo fui argumentando en base a la falta de contenido con sentido real para mí que ésta me ofrecía… Pero, en los últimos años, y a propósito del último (y al parecer único) gran acontecimiento, ya, para mí, es una agresión directa, burda y descarada. Un bombardeo de propaganda machacona, bastante tóxica, de hecho.

Total, que no estoy al tanto de los detalles ni me interesan demasiado. Sé que han aprobado el pasaporte covid, y la obligatoriedad de presentarlo en establecimientos con aforo superior a 50 personas. De hecho, me enteré porque vino a casa mi vecino, alarmado, diciendo: «¡Al final os vais a tener que vacunar, chicos, porque no os van a dejar entrar en ningún sitio!» Y, a los pocos minutos, una amiga me comentaba por teléfono indignada que no podría ir a la cena de navidad de su empresa porque tendrían que presentar el carnet de vacunación. Y ella no lo tenía. 

En fin, que no voy a desgranar los entresijos y pormenores de la ley, de los discursos políticos… Nada de eso.

Me adentraré en el análisis filosófico, que es lo que «me pone».

De lo que quiero hablar es de esta obligatoriedad, es de esta presión social, es de la implementación de leyes que minan nuestra libertad en nombre del bien común. Pero, por supuesto, quiero hablarlo en términos de consciencia. 

Así que… ¿Filosofamos un rato?

Antes de nada, aclarar esto

Respeto tu posición sea la que sea. Si tienes miedo del virus, si te crees más o menos el discurso oficial, si te has vacunado, si no… Faltaría más.

No tengo la verdad absoluta ni pretendo aleccionar a nadie.  

Sí reivindico, no obstante, firmemente y sin miedo, mi absoluto derecho a elaborar mi propio criterio, expresarlo libremente y dirigir mi vida en base a él. Parece de risa que tengamos muchos que reclamar este derecho a estas alturas. Y más pasmoso aún es ver como la mayoría parece no percatarse de que ese derecho se está vulnerando descaradamente…

En fin, expreso mi parecer porque sé y me consta que muchos de los que leeréis esto resonaréis conmigo, os sentiréis acompañados y apoyados. Sé y me consta que muchos o sentís solos, desperdigados y rodeados de personas que no os entienden. 

A veces, crees realmente que eres un pez fuera del agua; dudas de que vayas a encontrar apoyo o incluso a veces dudas de si te estarás equivocando… ¿Puede ser?

Lo oigo muy a menudo. También me he sentido un poquito así, a veces. Aunque la verdad es que mi entorno tiene una posición cercana a la mía. Me entiende, me apoya y me respeta. Y tengo contacto con decenas y decenas de personas en una sintonía afín a la mía. Y sé que esa soledad que muchos sentís es solamente perceptiva.

Es como ver desde arriba una serie de puntos de un color, desperdigados, rodeados de una masa de puntos de otro color, pensando que no hay otros puntos como él. Yo sé que eso no es cierto. Que hay muchos como él no tan lejos. Si tan solo azara la mirada, si tan solo se moviera un poquito…

 

Y, continuando con la alegoría de los colores, te comparto esta frase que escuché hace tiempo, no sé de quién, y que viene muy al caso:

Cuando muestras tu color, los de tu tribu aparecen.

En definitiva, escribo esto porque es necesario expresar, compartir, tolerar, vencer el miedo. Escuchar tu corazón y seguirlo. Y dar ejemplo, si procede.

Y también, y por supuesto, lo hago porque disfruto haciéndolo. 

El otro día lo hablaba en consulta con una «clienta». Y lo entrecomillo porque el vínculo que se fragua en mis consultas atraviesa de plano lo meramente profesional y nuestros corazones se tocan; así que en realidad es mi «amiga consultante». Sí, me sé de pé a pá esa teoría que afirma que es necesario mantener cierta distancia profesional en el vínculo con el «paciente». Pero es que yo no tengo «pacientes». Y nuestra relación es horizontal. Y el trabajo que hacemos es transpersonal; nos cargamos las distancias y los límites. 

En fin, que hablando con esta amiga en consulta, el otro día  concluíamos precisamente esto: La importancia de compartir de forma genuina, valiente y con corazón. Y cómo esto parecía hacerse difícil ahora. Y la tendencia que tenemos a callar para no ofender, para no generar conflictos. Y (seamos sinceros) también por miedo a no ser aceptados.

Así que mi propuesta es aprender el arte de mantener un equilibrio entre respetar opiniones distintas a las nuestras, no discutir interminablemente, ni siquiera querer convencer a nadie de nada… y, sin embargo, sentirse con derecho a expresar libremente (de forma respetuosa) la propia postura y saber poner los límites que sean necesarios, si de algún modo, se nos pisotea. Sé que a veces puede resultar difícil, pero bien merece la pena. Además, es una «excusa» para aprender algo, por otra parte, muy necesario en nuestra vida en general, que nos puede servir en muchas ocasiones.

 

 

Discierne por ti mismo y reclama la autoridad sobre tu propia vida

Bien, dicho esto, quiero hacerte un vehemente recordatorio de que eres un ser adulto, responsable y capaz de discernir.

Personalmente, tengo clarísimo que hemos sido absolutamente condicionados y la mayoría no somos (o no hemos sido hasta ahora) tan libres de pensamiento como hemos creído. Desde niños, hemos sido expuestos por activa y por pasiva a los paradigmas imperantes de la sociedad por todas las vías posibles (nuestros padres, el colegio, otros ejemplos, la publicidad, la televisión, las películas, el entretenimiento en general…). Peor aún: No se nos ha instado a cuestionar nada de eso, sino más bien a obedecer y ser «buen niño», «buena persona». Todo para recibir la recompensa de la aceptación externa.

No tuvimos demasiados ejemplos de personas que, ante cualquier disyuntiva, se paraba a discernir por sí mismo, escuchaba a su corazón y primaba su intuición por encima de seguir los caminos ya trazados. Seamos honestos, nunca ha sido lo común, que nos alentaran a correr nuestros propios riesgos y cometer nuestros propios errores.  

El resultado para muchos de nosotros ha sido el vacío existencial, la contradicción interna. Incluso, en algunos casos, la enfermedad como reflejo de esa desconexión profunda con nosotros mismos.

Como personas adultas y evolucionadas, nos toca ahora (o nos viene ya tocando desde hace tiempo), desaprender algunos paradigmas que nos convirtieron en esclavos, en víctimas impotentes frente a muchas situaciones… En definitiva, nos toca dejar de ser ovejas que simplemente siguen al rebaño o a un pastor. Y convertirnos en el animal libre y «salvaje» que siempre estuvimos llamados a ser.

¿Por qué te digo esto? Porque hoy más que nunca, se me hace grotesca la presión omnipresente por seguir el discurso «oficial», el comportamiento «marcado» (dictado por unos pocos y seguido por la mayoría). Es una opresión que intenta ser sinuosa, disimulada… Que trata de ocultarse tras un buen propósito (el bien común), pero que es tan descarada y torpe a mis ojos, que no puedo por menos que fluctuar entre la ofensa y la risa…

Nunca fue la solución dejar de escuchar el propio corazón y seguir a la mayoría. Nunca ese camino nos conduciría a ser quiénes hemos venido a ser, a sacarle todo el jugo a la vida y a dejar nuestra mejor huella. Nunca.

Pero hoy, más que nunca, se hace una cuestión vital dejar de seguir el camino de la mayoría, seguir a la marabunta solo porque estar mezclado con la masa «parece» (solo parece) más seguro; más cómodo.

Y es que seguir los criterios socialmente establecidos te van a empujar a:

  • A. Acallar cada vez más la voz de tu corazón y volverte dócil y apático, sin hacerte grandes planteamientos y viviendo básicamente por inercia.
  • B. Llenarte de rabia, rencor e incoherencia. Traicionarte profundamente a ti mismo.

(O una combinación de ambas, claro).

No digo con esto que tengas que pensar como yo. 

Digo que si tu postura se asemeja mucho a lo que cacarean los medios sin descanso, me da a sospechar que tu criterio no es cosecha propia. Ganarías en libertad personal (interna y externa) si empezaras a cuestionarte cosas. A fondo.

Y si tu postura difiere del «discurso único», pero mayormente estás pasando por el tubo en casi todo… Ne debes de estar sintiéndote muy bien.

Me parece un momento maravilloso para ser valiente. 

¿Solidaridad? ¿En serio?

Lo que tengo claro es que no se pueden obtener manzanas plantando un limonero.
Del mismo modo, no puedo cometer un acto elevado desde una posición baja. 


Y el miedo (al virus o a la exclusión social) es una posición baja. Lícita, pero baja.

A través de los medios, pretenden resignificar muchos conceptos.

La solidaridad, o es libre y voluntaria o no es. Así de sencillo.

Los mensajes que recibimos constantemente tratan de mantenernos en un estado de alerta y tensión constante. Como si eso fuera saludable. El estrés sostenido deprime el sistema inmune. Es literal que ese estado nos enferma, o nos hace más vulnerables a la enfermedad. 

Pero es que además, en el caso hipotético de que adoptar cada vez más medidas de seguridad y restricciones nos protegiera de enfermedades (como si los estados internos no impactaran en la salud), nos estarían empujando hacia una vida «sana», pero de mierda. (Perdón, nunca digo tacos en mi blog, pero hoy me lo permito). A una vida sin gracia ninguna.

De forma indirecta (o no tan indirecta), y constante, nos están tratando de hacer sentir mal y malas personas si no actuamos según sus directrices.

Eso tiene un nombre: Presión de grupo.

Recuerdo cuándo aprendí ese concepto. Tenía unos catorce años y estudiaba la ESO. Concretamente, una asignatura que se llamaba «salud y drogas». Nos decían que muchos adolescentes se iniciaban en las drogas por la presión de grupo, para ser bien aceptados. Y nos repetían una y otra vez la importancia de no ceder ante tal presión.

Y ahora contemplo a cientos de adultos inteligentes ceder ante esto… Adultos que no seguirían las medidas, que no ven lógica en el uso de mascarilla constante, que saben que todas estas medidas están dañando a sus hijos, que no se vacunarían… Y están pasando por el aro una y otra vez.

Es tremendo. 

Pero bueno, más que dramatizar o señalar a otros, lo que suelo hacer es reconocer el montón de veces que yo hice igual en otras cuestiones. Y centrarme en no perder las fuerzas esta vez y seguir siendo el cambio que quiero ver en el mundo.

Y, ya para acabar este apartado, quiero destacar que hay una premisa de fondo en todo este «discurso oficial» que intentan que hagas tuya: El fin justifica los medios. Ojo con esto, porque podemos empezar a repetir la historia del holocausto nazi y creernos que estamos salvando a la humanidad.

Mi filosofía de la salud y la vida

Como ya sabrás, conozco de cerca el potencial de la mente humana para hacer «magia» y dirigir al cuerpo a revertir cualquier desequilibrio. No es algo que crea; es algo que sé.

Sé que suena temeraria mi afirmación. Ya nos educaron bien para que nos pareciera una locura.

Sé que no se da un paso adelante en la salud del cuerpo dando un paso atrás en la salud de la mente, del corazón… 

Simplemente no funciona así.

Pero entraré más en detalles sobre esto en el próximo post…

 

La próxima semana

La próxima semana, como te menciono más arriba,  te traigo un post dedicado especialmente al Nuevo Paradigma de la Salud (según yo, claro, jeje). Es decir, en base a mi experiencia, personal y profesional, los conocimientos acumulados y unos muy buenos resultados como ex enferma y como terapeuta, te voy a señalar las creencias, ideas, premisas, etc., que ya va siendo hora de tirar a la basura. Y te propondré nuevos «pilares mentales» con los que sustituirlos.

Hablo a menudo de que es necesario cambiar el paradigma, soltar viejas ideas enquistadas que nos frenan. Partir de una base nueva y diferente de la que tenemos incrustada en nuestro inconsciente y nos convierte en víctimas de los caprichos de nuestro cuerpo; en dependientes del sistema sanitario.

Por supuesto, ésta será mi propuesta. Tú te quedarás con lo que tenga sentido para ti.

¡Un abrazo grande, y nos vemos la próxima semana!

Desde 2014 liberada de una enfermedad "crónica" gracias a un proceso de transformación interior. Desde 2015 acompañando a otros a recorrer un camino similar al que hice yo.

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6 thoughts on “A propósito de las últimas restricciones…

  1. Gracias por este post, Cristina!! Tomo en especial tu concepto de «tribu» rescantando la importancia de sentirnos acompañados.
    Cariños desde Argentina.

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