MIEDO A LOS CAMBIOS
Gran, gran parte de nuestro sufrimiento viene generado porque nos apegamos un poco a todo.
Nos resistimos a que las cosas cambien en nuestra vida cotidiana, en el trabajo, en las relaciones… Muchas veces interpretamos un cambio como una pérdida, cuando no tiene por qué ser así.
¿Te ocurre a ti? ¿Tienes tendencia a pretender que todo quede como siempre porque demasiado cambio te desequilibra?
A menudo nos resistimos a cualquier tipo de cambio, aunque éste pueda ser bueno para nosotros. Y es que lo desconocido nos da miedo porque, en una situación nueva, perdemos el control. Y queremos controlarlo todo.
Siempre digo que cualquier miedo es causa de que no sabemos realmente quiénes somos. Y no nos conocemos porque el miedo nos frena y nos evita ponernos a prueba y demostrarnos nuestras inmensas capacidades. Así que entramos en un círculo vicioso.
Yo, por supuesto, también tengo miedo a los cambios.
Y, es irónico pero, a pesar de que a veces soy yo misma la propulsora del cambio, y la que lo provoca, no puedo evitar que me invadan fuertes resistencias cuando las cosas de verdad empiezan a moverse.
CRECER DUELE PERO DUELE MÁS NO HACERLO
Lo que me da fuerzas para soportar esa incomodidad hasta que desaparece, es que he permanecido demasiado tiempo haciendo lo contrario y sé que ese zapato ya me queda pequeño. A mi me hace mucho más daño sentirme detenida, estancada, que he dejado de crecer…. que no afrontar la incomodidad del cambio durante un tiempo.
Sé que, a largo plazo, la búsqueda constante de la seguridad y permanecer sin grandes movimientos por miedo, sale cara:
Aparecen la insatisfacción, la duda, los «y si…s» famosos, la pérdida de sentido, el aburrimiento, el miedo que cada vez es mayor, la necesidad de control que te agota, incluso a veces, una especie de sentimiento de culpa porque sabes que no estás haciendo todo lo que puedes…
¿Te ha pasado? ¿Te ocurre a menudo?
Creo incluso que muchas veces, ni siquiera somos conscientes de ello y achacamos nuestro malestar a otras cosas.
Pero en realidad lo que nos ocurre es que cuando dejamos de crecer, nos sentimos mal. Y es porque estamos yendo en contra de las leyes naturales. Todo en la vida natural crece y cambia constante.

FLEXIBILIDAD, LA MAYOR FORTALEZA
Así que una de las mejores cosas que podemos hacer por nosotros mismos es cultivar la tolerancia al cambio. Ejercitarla como si de un músculo se tratara.
Es hacernos, de manera consciente, cada vez más flexibles y movernos con la vida.
Si aparece algo nuevo en tu vida, dale la bienvenida. Si no sabes si eso nuevo te gusta o no, dale una oportunidad. Experimenta, observa, pero no te cierres.
Si algo viejo parece dejar de funcionar, suéltalo. Hazlo con cariño, con agradecimiento… pero hazlo. Tienes derecho a estar un poco triste al principio, pero que el miedo a lo desconocido no te detenga. Abre los brazos a lo nuevo que estar por venir.
Incluso provoca tú mismo esos cambios si se da el caso. Si tienes muy clara la dirección que quieres tomar, tómala sin más. No esperes a que las circunstancias sean más favorables, no esperes al momento adecuado. Simplemente da un primer paso y luego otro. Sin prisa y sin pausa.
Nos pasamos la vida esperando que pase algo, y lo único que pasa es la vida.
Bob Marley
