2 CASOS REALES (como el tuyo)

El de hoy es un artículo muy especial. Y es que te traigo dos testimonios reales de dos personas como tú que han decidido contarme su historia y compartirla contigo ahora.

Esto surge de algo que lleva un tiempo ocurriéndome.

A través de las historias que me cuentan amigas, clientas y lectoras, confirmo cada vez más que a todos nos ocurren cosas más parecidas de lo que pensamos. Y sobre todo, los sentimientos que se encuentran en el fondo de nuestros conflictos, así como nuestras necesidades emocionales, tienen muchísimo que ver entre sí.

Y lo más gracioso de todo, es que ocultamos esos estados internos, como avergonzándonos y sintiéndonos diferentes del mundo. Pensamos que sólo nos pasa a nosotros.

A través del mi newsletter, me escriben muchísimas chicas (está especialmente enfocado a mujeres, aunque si eres hombre, te puede resultar igual de útil). Cientos de chicas me han explicado la situación que están viviendo y no dejo de encontrar múltiples similitudes en sus relatos.

Evidentemente, viven historias y contextos distintos, pero se repiten ciertos patrones más que a menudo.

Por ejemplo, algunos elementos que encuentro muy recurrentes son:

 >Su preocupación por las relaciones de pareja

 >La dependencia emocional

>La falta de autoestima y de seguridad personal

(Como puedes ver, todo esto está muy relacionado entre sí).

Y lo que, especialmente, está presente casi siempre, es la sensación de soledad y aislamiento. La sensación de que lo que le ocurre, no le pasa a la mayoría de personas.

Eso no deja de ser un agravante de su sensación de que algo falla en ella y se culpan constantemente.


Compartiendo, crecemos más rápido

Es por esto que escribí un correo a las suscriptoras de mi lista de correo y pedí voluntarias para compartir su historia en el blog.

He seleccionado dos y aquí las tienes.

Quiero que leas esto con el mayor respeto posible y sin juicio. Ellas son personas como tú que han sido muy valientes de compartir su historia con todas nosotras.

El objetivo de este artículo es que puedas sentirte reflejada en ellas y esto te ayude a ver las cosas de otro modo (sabemos que cuando vemos las cosas desde fuera, las vemos con otra perspectiva y eso ayuda a verlo todo con más claridad).

Aunque su caso sea distinto al tuyo, seguro que observas algunas similitudes y puedes ponerte en la piel de la que explica su historia.

En agradecimiento a nuestras protagonistas de hoy, te animo a que hagas tu aportación a través de los comentarios.

Deja un comentario en este artículo exponiendo tu punto de vista, dando alguna sugerencia o, simplemente, unas palabras de apoyo.

Tu aportación puede ser de gran utilidad a nuestras amigas.


Ellas muestran, nosotras aportamos

Sin más te presento a las chicas y sus historias.

Evidentemente, he utilizado nombres ficticios para preservar su intimidad. Podrás referirte a ellas con ese «pseudónimo» en tu comentario, para que ellas sepan a quién te estás dirigiendo.

Encontrarás su caso y, a continuación, unas palabras mías para ellas con mi punto de vista e intentado aportarles algo útil.

Luego es tu turno en los comentarios.

Te dejo con ellas.


ELENA (nombre ficticio)

Hace 4 años que me vine a vivir al pueblo de mi pareja, que está a 800 km de donde yo soy.

Esto ha hecho que mi sensación de soledad se acrecente.

Sé que tengo que aprender a perder el miedo a estar sola, pero es algo que de momento me supera y por ello me apunté a este reto.

También me he dado cuenta de que la sensación de soledad me hace tener una dependencia de mi pareja, familiares y amigos.

A veces por no estar sola voy a eventos en los que no me apetece nada estar…

Creo que la vida me ha llevado lejos de mis padres y hermanos para que aprenda a superar mi soledad emocional.


Mis palabras para Elena

«Elena», ¿te has planteado marcharte a tu ciudad de nuevo?

¿Te lo has planteado en serio como una posibilidad?

No estoy diciendo que debas hacerlo (sólo tú sabes lo que quieres). Sin embargo, hay algo que me resulta muy útil hacer cuando una situación no me gusta: Me planteo con toda seriedad cambiarla.

Y no porque finalmente la cambie (a veces sí, a veces no) sino porque eso me ayuda a decidirme.

Creo que detrás de cada malestar que sentimos hay una decisión no tomada (al menos no tomada consciente y consecuentemente).

Si no estás a gusto en una situación, independientemente de lo que se trate, es porque hay una parte de ti que no acepta completamente las consecuencias.

Y si no hay una aceptación completa, es porque no se ha tomado una decisión consciente y consecuente.

Una vez más, aquí se manifiesta el poder de la DECISIÓN.

Siéntete en libertad de decidir cualquier cosa. No te acalles de seguida, date un margen para plantearte esa posibilidad de verdad.

Contempla todas las consecuencias (negativas y positivas) de cada opción.

Seguramente aparezcan argumentos a favor y en contra, pero finalmente una ganará.

¿Significa esto que las consecuencias negativas de la opción elegida ya no te molestaran? No, pero desde luego, si has elegido de manera consciente, contemplando todas las posibilidades, lo vivirás de otro modo.

Te permitirá aceptar de corazón la situación.

Y una vez la hayas aceptado, aprenderás a disfrutarla.

Creo firmemente que es mucho más útil centrarte en tu capacidad de decisión y sentirte libre de elección, que centrarte en como sobrellevar tu sensación de soledad.

si-te-sientes-libre-de-elegir-aceptaras-de-verdad-la-opcion-que-escojas-y-si-la-aceptas-conviviras-mucho-mejor-con-las-consecuencias-negativas-que-esta-traiga-consigo

 

Bueno, y hasta aquí mi pequeña aportación.

Sabes que podemos alargar esta conversación en privado si lo deseas.

Ahora, le doy el turno a quién tenga algo más que aportar.


LAURA (nombre ficticio)

Hace 16 años que estoy con mi pareja.

Bastante tiempo atrás hubo muchas faltas de respeto, algo de maltrato… Hubo denuncias cruzadas, orden de alejamiento, incluso cárcel.

Aún y así, después de todo, volvimos y nos casamos hace ocho años. Desde entonces esto se ha repetido en alguna ocasión pero no tanto como antes.

Hace unos seis meses mi pareja me dijo que necesitaba algo de tiempo porque me veía rara (no salía, no reía…) y finalmente decidió marcharse.

No sé si este fue el verdadero motivo o conoció a otra.

Me dijo que se había apagado conmigo.

Ahora hemos vuelto, pero la cosa no va bien. Yo sigo sintiendo miedo de que se repita lo de años atrás y soy muy celosa.

Entiendo que sufro de dependencia emocional.

No quiero dejarlo, pero tampoco quiero ser una infeliz toda mi vida.

Actualmente estoy en el punto de que sólo estoy pendiente de él, dejando atrás todo lo que me rodea.

Me encantaría confiar en él y vivir feliz pero hay algo que no me deja. Pienso mal a todas horas y sufro muchísimo.

Él dice que confíe en él, que sólo quiere estar conmigo, pero no acabo de creérmelo.

No sé qué camino tomar y me estoy volviendo loca…


Mis palabras para Laura

«Laura», tengo motivos para tener más que claro que la relaciones que tenemos con otras personas, son un reflejo de la relación que tenemos con nosotras mismas.

Especialmente aquellas relaciones más significativas y de más peso en nuestra vida.

Sé que esto cuesta entenderlo a veces, pero contesta mentalmente a estas preguntas a ver si lo podemos ver más claro:

¿De dónde crees que vienen tus celos? ¿Por qué tanto miedo a perderlo? ¿Por qué crees que podría irse con otra si ya te tiene a ti? ¿Y que pasaría si se marcha?

¿Puedes ver que tu gran necesidad de amor por su parte proviene de tu miedo a no hallarlo en ningún otro lugar? ¿Y que ese miedo proviene de que realmente crees que no eres merecedora de amor?

A mí me parece que para hallar una verdadera solución, es necesario incidir en la verdadera causa.

Y me parece que la verdadera causa de tu sufrimiento no es el desamor que sientes de tu pareja sino el desamor que te tienes a ti misma.

Creo que incidir en la consecuencia de esta falta de amor propio (la necesidad de recibir amor de tu pareja) no haría más que complicar las cosas.

Así que te animo a dejar de fijarte en tu relación de pareja y te centres en sanar tu relación contigo misma.

Olvídate de momento de tu relación y, cuando hayas avanzado en esto otro, el dolor ya no nublará tu mente, y tendrás más claro lo que hacer y qué actitud tomar.

Sé que esto que te propongo es difícil y no sabes por dónde empezar.

Es tentador volver a fijarse en lo que ocurre fuera (tus problemas de pareja) en lugar de ocuparte de una vez por todas de tu verdadera responsabilidad: Tú misma.

Sé que esta tarea puede hacerse cuesta arriba, lo sé.

Sin embargo, te digo algo:

Si no incides en la causa, sino en la consecuencia, es como quién cura un síntoma sin atender la enfermedad que lo está causando.

 

Y te digo como a «Elena», seguimos hablando en privado si así lo deseas.

 


AHORA TE TOCA A TI

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¿Que puedes decirles a Elena y a Laura?

¿Entiendes cómo se sienten?

¿Te ha ocurrido algo similar alguna vez?

¿Se te ocurre alguna sugerencia que pueda ayudarles?

¿Quizá algunas palabras de apoyo?

Lo que quieras.

¡Adelante!

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8 thoughts on “2 CASOS REALES (como el tuyo)

  1. Yo paso por una situacion similar de dependencia emocional y sentimiento de soledad. No sé, ha llegado el punto que ya no me agrada el compararme con otras, ya q sufrí infidelidad y rechazo. Decidi no permitir más desaires. Por el momento me enfoco en otras actividades, decidi no pensar demasiado en el asunto. Cada dia es un reto aprovecharlo en algo productivo. Sé que la personaa q me ame me aceptara como soy y yo a el con virtudes y defectos. Mientras tanto, a soñar, sonreir y actuar hacia el cumplimiento de metas

  2. Gracias por tu aportación, Luli.
    En efecto, cuando te ocupas de tu vida, queda menos espacio para estar pendiente de que alguien te dé lo que tú no te das a ti misma.
    Así, que empezar a poner orden en aquello que no nos gusta de nuestra vida, plantearnos metas, preguntarnos qué queremos de verdad, etc., es un buen punto de partida.
    Incluso diría, que la dependencia emocional es una huída (inconsciente) para no hacerse cargo de todo esto.
    Celebro, Luli, que hayas tomado las riendas de tu vida y de ti misma.
    Abrazos.

  3. Hola con respecto a lo publicado lo que puedo decir es que me siento más que identificada con Laura e instarle a que tome una buena decisión porque un hombre que maltrata nunca cambia yo lo sufrí en carne propia y fué el producto de mi separación..fuerza a las dos….un abrazo

    1. Gracias Elizabeth por tus palabras. Es cierto que es difícil cambiar una dinámica insana (sea de la índole que sea) establecida en una pareja.
      Sin embargo, vuelvo a hacer hincapié en que, para recuperar nuestro poder, es básico dejar de esperar que cambie el otro, y hacerlo nosotros, sin más.
      Entiendo que eso es lo que tú hiciste: empezaste a valorar las cosas de otro modo y, en consecuencia, a tomar decisiones distintas. Felicidades por ello.

  4. Hola. La verdad es que para «Elena», decirle desde mi más humilde opinión que haga el ejercicio de enfocar si la angustia de la soledad és más fuerte que el amor a su pareja.
    Si le amas y crees que debes estar con él pues intenta hacer cosas como deporte o cursos, para relacionarte y conocer gente.
    Bueno o hablarle a él de lo que te pasa por que si te fuiste por tu pareja lo mejor será comentarlo y llegar a un acuerdo. Si la angustia y sentimiento de soledad persiste y no hay acuerdos…Pues plantéate volver… Un saludo.
    En cuanto a «Laura» yo creo que lo tuyo es una relación tóxica. A mi parecer está el libro de «Las mujeres que aman demasiado», lo mismo te resuena y te ayuda. Yo por mi parte mi consejo es que te alejes y veas las cosas desde fuera. Yo un ejercicio que he hecho en ocasiones es… si una amiga a la que amas mucho o hermana te contara un caso similar al tuyo, tú que le aconsejarias???? Te dará la respuesta… Espero que encontréis la felicidad, pero la que sale del alma. Besos y abrazos. Espero haber ayudado

  5. Muchas gracias Jennifer por tu punto de vista.
    Muy útiles y sensatas tus sugerencias.
    Puede ser muy bueno para «Elena» valorar seriamente qué le compensa más, y si decide apostar por la relación, nutrirse de otras relaciones y actividades para «echar raíces» en su nuevo hogar.
    Y «Elena», es cierto que está atrapada en una relación un poco adictiva. Y digo adictiva porque no puede vivir sin ella pero con ella tampoco, que es lo que ocurre con las adicciones.
    Yo pasé por algo así hace muchísimos años y, cuando lo superé, pasé a ser una detractora acérrima de ese tipo de relaciones, teniendo claro que la única solución era romper (también leí el libro que comentas).
    Ahora he visto casos en los que se ha reconducido ese tipo de relación a otra mucho más sana, y sé que se puede.
    En todo caso, es imprescindible que «Laura» empiece a mirar en profundidad en su interior y repare algunas heridas, dándose cuenta de que nadie lo puede hacer por ella.
    ¡Muy útil y práctico también la técnica de aplicarse los consejos que le daría a alguien querido!
    Gracias por tu aportación.

  6. creo que la necesidad de ser amados viene de la infancia , es ahí donde se forja nuestra conducta hacia los demas y los sentimientos, lamentablemente cuando nuestra infancia esta llena de carencias afectivas y faltas de respeto nos resulta dificil entender que el verdadero amor no daña , no abandona,no maltrata ni fisica ni verbalmente. la solución claro que existe, aprender a respetarnos, cuidarnos y aceptarnos ,suena obvio pero el primer amor que necesito es el mío el segundo de dios y de ahí los demás . con los primeros dos ya tengo el 60 %, en las disyintas etapas de nuestra vida iremos llenando ese 40 % restante

    1. Hola Opalo. Gracias por tu comentario! Sí… Y fíjate que yo haría un apunte a lo que mencionas: El amor a uno mismo y el amor de Dios, van de la mano. No son algo distinto. Ya que Dios está en ti, fuiste creado por su «materia prima» por decirlo un poco coloquialmente. Si aprendes a amarte (cosa que, como bien dices, en general no aprendimos correctamente en la infancia) estás cultivando y reforzando la energía de la original que es tu esencia y que necesitas para desarrollarte en cualquier área. Además, estás aprendiendo a darla y recibirla al mismo tiempo (tú te la entregas, tú la recibes) y esa energía no para de crecer y retroalimentarse. Y es inevitable que revierta sobre los demás, volviendo a ti en un círculo mágico. Abrazos!

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