¿Sabes esa sensación de vacío en la que te parece que nada es verdad y que no tienes ni idea de quién eres?

Sé que no es lo más popular hablar de esto…

Puede que te dé hasta mala vibra…

No sé, mil veces (en realidad, muchas más), he pensado que quizá no es tan normal esa sensación. Que algo anda mal conmigo y que, por supuesto, no es necesaria.

La gente parece funcionar sin ella.

Mentiría si no te dijera que aún albergo esa postura de vez en cuando hacia la típica crisis que se lo carga todo un buen día, sin avisar, durante unas horas o un poco más. Que aún vivo, en algún momento y grado, ese rechazo, esa forma de miedo…

“Esto está mal…”, “sentir esto está mal…”.

¿Pero sabes qué?

Lo cierto es que a mí me ha ocurrido y, a veces, me ocurre. De repente, todo parece no tener sentido y no consigo conectar con las ganas que me empujaban a hacer, pensar o sentir lo que tenía un pleno sentido para mí apenas unas horas antes.

 

Crisis existencial, le llaman…

 

Y lo cierto es que me han confesado muchísimas personas vivir lo mismo.

Y lo cierto es que, por lo que he visto, parece más una cuestión de ocultarlo o no saber hablar de ello, o ni siquiera identificarlo, que una cuestión de que a la gente no le pase.

Además, he visto (en mí y en otros) muchísimo dolor añadido por el hecho de percibir esa vivencia como incorrecta. De tenerle miedo, juzgarla, resistirse a ella. Mucha rabia, vergüenza e impotencia. No sé exactamente si hacia el estado de crisis en sí, o hacia sí mismo por sentirse de ese modo. En todo caso, forma parte de lo mismo.

Y, al fin y al cabo, no es el objeto de este post averiguar qué tan común y frecuente es vivir esto.

De cualquier modo, te hablo a ti, si te ha pasado. Que, por otra parte es más que probable. Y no es ninguna vergüenza, ni anomalía alarmante.

Lo que va a ser determinante es lo que haces con ello. Cómo lo usas.

Si no te ha pasado y no entiendes de qué me ha dado por escribir hoy, puedes dejar de leer este artículo. O no, eso ya depende de lo que tú sientas cuando paseas tu vista por estas líneas.

 

El desencadenante

 

Esta sensación puede sobrevenirte a través de cualquier desencadenante.

Sinceramente, a estas alturas (quizá me equivoque), “menosprecio” bastante la realidad de ese desencadenante como causa.

Es cierto que suele haber una “chispa” que desata el “fuego”, pero a veces no. O no lo identificamos de forma concreta.

Aunque, en mi caso, he sentido esa locura de vacío y dolor a partir de experiencias la mar de diversas. A través de contextos que nada tienen que ver entre sí. Nada en su superficie. En su fondo, todo, claro.

Siento que el trasfondo circunstancial es una “excusa” que encuentra nuestro subconsciente para sacar hacia el exterior ese dolor sin causa concreta externa; para que podamos verlo.

Así pues…

 

No te atrapes en el contexto

 

No asumas allá, en lo que sea que ocurra, la causa. Ya sea una discusión con  tu pareja, un plan que no ha resultado como esperabas, una situación estresante… lo que sea.

Tampoco te ofusques buscando en ese contexto las posibles “soluciones”.

Hay un vídeo de Sergi Torres que me parece genial, en el que dice algo como que el ser humano no suele saber sufrir, o sostener sus emociones consideradas negativas, las cuales le asustan. Así pues, anestesia temporalmente su dolor desplazando la causa hacia fuera de sí mismo; buscando culpables. Eso le acaba acarreando más sufrimiento a largo plazo, pero no parece darse cuenta. O le puede el impulso de aliviarse a corto plazo y usa este recurso a modo de droga.

El vídeo es éste, por si quieres echarle un ojo.

Estoy muy de acuerdo con él.

¿No te ha ocurrido a veces, que te sentías mal y parecías tener claro cuál era la causa de tu malestar y, por tanto, también cuál era la solución? ¿No te ha ocurrido a veces, que la situación aparentemente se solucionó y seguías sin sentirte bien?

Puede que, en ese caso y en ese entonces, tu atención se hubiera centrado en un nuevo problema y una nueva solución. O puede que te pararas un instante a reflexionar honestamente y que empezaras a sospechar que el problema y la causa no estaban dónde tu creías.

Eso da igual ahora.

Lo importante es que nos sirve para abrirnos a la posibilidad de que, quizá, el desencadenante que te lleva a ese estado de abismo, no tiene un papel demasiado importante como causa en sí del mismo.

En definitiva, te animo a que no te dejes arrastrar por tu interpretación de lo que ocurre. No te montes ni te creas películas.

Al fin y al cabo, dime la verdad…

¿A que te ha pasado que empezaste a estar mal, en teoría por un motivo, y después de caer en ese pozo sin fondo, lo que menos te importaba era el conflicto inicial?

Solo puedo darte una recomendación:

Olvídate un poco de todo lo demás y ve hacia el centro del dolor. No le temas, forma parte de ti y puedes asumirlo.

Úsalo.

 

Lo útil que es

 

Estarás de acuerdo en que tu vida y la identidad con la que sueles relacionarte en el mundo, tiene partes más y menos auténticas. ¿No es cierto?

Hay algo de “paja” en eso que haces, en eso que muestras, en eso que crees que eres, o que necesitas.

Lo que ocurre es que más o menos te encaja. Más o menos funciona. Hasta que deja de hacerlo.

¡Y voilà! Aquí tenemos la “bendita” sensación de vacío, de abismo, de vértigo. La temida “crisis existencial”, o lo que sea.

Se da cuando empiezas a darte cuenta de que aquello que era cierto para ti; aquello a lo que te aferrabas de una u otra manera, pierde significado, veracidad. Pierde la solidez que te hacía sentir tan segur@.

¿Para qué te sirve este “quiebre”?

Si lo piensas bien, para mucho. Siempre que estés dispuesto a mirar de frente a esa escalofriante sensación y dar un paso adelante. Siempre y cuando “la uses”.

Puedes limpiar algunas partes, soltarlas, pegarles una patada.

O abrazarlas. Conscientemente. Consecuentemente. Elegirlas de manera más intencionada.

O puedes llenarte de humildad y reconocer tu deseo de soltarlas y tu cobardía simultánea de no hacerlo. Al menos estás siendo honesto contigo, y estás escogiendo. Puedes respetar tu ritmo.

En todo caso, puedes integrar tu oscuridad. 

Fíjate como, de alguna manera, ésta se empieza a ver iluminada de forma natural.

Puedes ser feliz con esto. Dentro de tu dolor, experimentar una especie de felicidad que tiene más que ver con la serenidad que con la euforia.

Ganar en profundidad, puedes.

Y esto puedes volcarlo en muchísimas cosas.

¿Te cuento un ejemplo personal?

 

Me pasó hace poco

 

Cuando ocurre, me da en la cara con la mano abierta. Es como si alguien azotara con un trapo sucio mi imagen de “ayudadora”.  De persona consciente que tiene un elevado propósito de vida.

Mi propósito es real, pero también es real mi falta de conciencia. Mi identificación con el ego. En el grado que sea. Ahora puedo asumirlo y estar en paz con ello, pero cuando el vacío me traga, efectivamente, me quiero morir.

Estoy siendo honesta. Espero que disculpes mi “drama” (no lo es en el fondo). Y veas más allá de mi dolor. Significará que estás viendo más allá del tuyo.

[A mí esto me sigue azotando de vez en cuando, pero es cierto que no me sorprende ni me derrumba tanto. Paso a “usarlo” con bastante ligereza].

Te cuento en concreto:

Se dieron una serie de “problemas” en mi entorno que me conectaron con heridas muy, muy viejas.

Sabía de su existencia. Las había “trabajado” en múltiples ocasiones.

Más, claramente, pude ver capas profundas intactas, sin comprender, sin ver.

Se desencadena una rabia por lo ocurrido en el exterior que, si te fijas bien, da paso a una rabia más honda hacia ti mism@, por sentirte como te sientes. Por estar “ahí”.

Qué rápida y arrolladora es la emoción entonces… ¿Verdad?

Parece más verdad que tú mism@.

Desde luego, más verdad que la imagen de rosita que te has construido.

Sin embargo, no es cierto que solo seas eso. No es cierto que tu “estar bien” (cuando lo estás), tu “fluir”… sea mentira del todo. Solo que tiene mentirijillas incrustadas y ahora estás preparad@ para verlo.

El fuego de tu conciencia se dispone a quemar de nuevo. A hacer limpieza.

Bienvenid@.

Sí… Duele, lo sé… Pero solo cae lo que ya te pesa demasiado.

Vas a andar más liger@ ahora, solamente confía sigue adelante.

 

Acecha detrás de cada conflicto

 

Siento, como ya he dicho, que nada externo es la causa real de ese vacío. Sino que lo destapa, lo muestra.

Incluso diría que es un poco al revés: Ese vacío es la causa de tanto conflicto, o, más bien el miedo que le tenemos al mismo. El modo en el que huímos de él.

Esto no nos empuja a más que a  perpetuar conductas evitativas, proyecciones en el exterior, relaciones de amor-odio, adicciones para paliar el dolor… Todo ello generadores potenciales de grandes conflictos.

Y se convierte en un círculo vicioso.

 

Puedes conocerte

 

A través de una crisis a este nivel, puedes detener ese círculo. Puedes confrontar sin tapujos ese vacío que siempre planea sobre ti. Puedes dejar que te traspase.

Dicen que, cuando te ves absorbido por un remolino, lo mejor que puedes hacer es permanecer inmóvil. No resistirte.

El remolino te llevará hasta el centro del mismo, hasta el fondo. Creerás morir, pero, acto seguido, el remolino te expulsará hacia fuera de forma natural.

Si te resistes, alargarás el proceso y morirás agotado.

El remolino es el vacío existencial.

No huyas más, deja que te invada. Te “expulsará” y verás capas tan profundas de ti mism@, que no podrás dejar de salir beneficiad@. Eso te dará una firmeza desconocida.

 

Lo dejamos aquí por hoy

 

Sé que es un tema complejo y que da mucho más de sí. Sé que puedes tener objeciones al respecto de lo que digo. Sé que tú lo puedes vivir de un modo tan personal que no te encaje lo que lees.

En todo caso, este post no puede abarcar todas las caras de una crisis existencial.

Puedes enriquecerlo tú con tu aportación. Cuéntanos tu experiencia o plantéanos tus dudas.

Yo, por mi parte, estaré atenta a tus comentarios :).

 

 

 

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Cristina Hortal
Un buen día, harta de sentirme prisionera en mi propia vida, tomé 4 decisiones que le dieron la vuelta a todo mi escenario.
Construí una vida coherente con mis valores.
Aprendí a serme fiel por encima de todo, y hoy mantengo mi promesa de respetarme en cada decisión que tomo.
¿Quieres aprender a hacer tú lo mismo?

8 thoughts on “¿Sabes esa sensación de vacío en la que te parece que nada es verdad y que no tienes ni idea de quién eres?

  1. Buenos días, la verdad es que tu posta me llega, como se suele decir, como anillo al dedo.
    Esa sensación de vacío de no saber qué me falta para sentirme bien, en un estado de bienestar, ya me ha pasado en varias ocasiones. Pero precisamente en estos días vuelvo a sentirlo, hay veces que me desespera esta sensación, otras veces espero, la siento y estoy atenta a las sensaciones que la vida me trae.
    No sé si el desencadenante en este momento es una moto que se ha comprado mi hijo, que me da mucho miedo porque le pase algo, y ese miedo me ha desencadenado otros muchos…, y esa sensación de saber que no tengo que coartar su libertad, pero a la vez ese gran temor. Pero no quiero que mis miedos que tantas veces me han limitado y me limitan, lo hagan con él.
    No sé si esto tiene algo que ver con mi vacío, o si en realidad lo que me ha despertado es el tomar conciencia de cómo mis miedos me coartan y no me dejan sentirme bien, sentirme yo.
    Muchas gracias y un abrazo

    1. Hola Carmen. Gracias por tu comentario.
      Si, normalmente se entrelazan unos miedos con otros. Bueno, en realidad el miedo es uno solo. En esencia es la misma emoción raíz en todos los casos y para todo el mundo.
      Las formas que éste adquiere, los contextos que nos lo despiertan, el modo en qué nos relacionamos con él, etc… Eso sí varía, y mucho.
      Precisamente, por fijarnos tanto en la forma, creyendo que ahí se encuentra la causa, es que perdemos la oportunidad de observar nuestro miedo de verdad, asumirlo, confrontarlo, y dejar que esa exposición nos transforme.
      En tu caso, seguramente se mezcla un miedo instintivo por la inseguridad de tu hijo (que realmente tiene la causa, no en la moto, sino en cómo te has aferrado a cierta falsa seguridad para sentirte bien y funcionar sin confrontar tus propios miedos) con la comprensión racional de que esa actitud miedosa no es edificante, y sin embargo, no poder trascenderla. Una especie de miedo al miedo.
      Y es que si pasamos de forma superficial (y racional) por esto sin sumergirnos en la experiencia, la raíz queda intacta. El miedo adoptará formas distintas, y puede confundirnos.
      Lo que me parece importante es que ahora tienes la oportunidad de de ver de frente tu miedo. No perderte en la historia. No centrarte en si tu hijo debe o no conducir una moto, sino en aprovechar esta oportunidad para asumir 100% tu miedo como una experiencia propia y descubrir a dónde te lleva eso.
      Espero esto te sirva. Un abrazo y muchas gracias por tu comentario.

      1. Yo digo algo y luego me contradigo. O hago algo y luego hago lo contrario. Eso lastima y hiere el orgullo de tal o cual persona. Yo ni cuenta me di y, para cuando me di cuenta, la persona ya habló mal de mi a los que me rodean, y sufrió tanto que va por mi cabeza (hasta echarme de la casa o del trabajo) . Comienzo un juego de justificarme culparme culparla justificarla querer morir . Lo más tormentoso es que la persona Lo hace sutilmente, habla mal de mi y delante mío usando el nombre de una tercera persona. “Ya llegó la insoportable? Espero que hoy se vaya” ‘quién? Pregunta la “cómplice”… ‘Una vecina que se cree tal …..”
        Todo es referido a mi. Yo no tengo el valor de ir de frente y pedir que me aclaren si realmente es sobre mí o no. Y comienza mi tortura. Esto se extiende por días, semanas y termino empeorando todo porque cuido las palabra cuando veo a esta persona, para que ya me deje en paz. Pero ya todo es como una bola de nieve… Cualquier cosa que digo es usado en mi contra, todo se malinterpreta. Termino por caer en el juego. Yo hablo mal de la persona, todo empeora. Finalmente término huyendo de casa o renunciando al trabajo.
        Esta situación se repite y se repite. En este momento estoy justo en esa situación con una compañera de trabajo.
        He leído tanto sobre soltar, dejar ir… Pero no logro hacer lo que tú hiciste. Intenté yoga, biodescodificación, mantras, afirmaciones, ejercicios de respiración. …. Y nada.
        Qué más puedo hacer? Cómo hacer?

        1. Hola Susana
          Bueno, en el fondo, todo se arregla cuando uno va de frente, como dices. Y no puedes ir de frente de veras con los demás, a menos que lo hagas contigo misma primero.
          Así que todo este lío, tan sólo refleja el lío en ti. La falta de honestidad contigo.
          Según cuentas, todo se inició cunado dijiste algo y luego te contradeciste. Todo parte, si te fijas, que hablaste seguramente sin tener claro que que de verdad pensabas y sentías. Quizá expresaste lo que creías que se esperaba de ti, pero no era del todo cierto para ti y eso se acabó reflejando creando conflicto.
          El primer paso es dejar de fijarte en el conflicto que tienes armado fuera, en tu entorno. Y ocuparte del conflicto interno con el que se inició y que no has tratado aún.
          Espero haberme explicado bien, sé que es complejo. Y más por escrito. Si quieres podemos hablar por privado, si e escribes a contacto@cristinahortal.com.
          Un abrazo y ánimo.

  2. Hola Cristina, muchas gracias por compartir tu experiencia, es real todas esas sensaciones que expresas, cada vez mas me centro en el miedo, me estoy dando cuenta cuan presente esta en mi vida, como me paraliza, me bloquea, hace poco empece terapia y lo siento presente en todos mis conflictos.
    Hace un tiempo vengo “despertando” mi conciencia y es un camino hermoso, el cual nunca se termina creo, y si que hay que tener mucho valor y fundamentamente voluntad para poder convivir con nuestras “emociones negativas”. Siento mucho alivio cuando expreso lo que me pasa, ya sea con mi terapeuta, mi pareja, mis amigas, o simplemente con personas que apenas conozco, ahí me encuentro reflejada. Muchas gracias por este post! un saludo!

    1. Hola Melina. Muchas gracias por tu comentario.
      Pues sí, se requiere valor para mirar de frente y abrirse a sentir plenamente lo que uno siente. Sin huir de ello, sin justificarlo, sin racionalizarlo, sin proyectar fuera de nosotros la causa, sin dejarnos hipnotizar por la “película” que nuestra mente nos cuenta.
      Se nos hace duro porque no es lo que solemos hacer, porque no se nos enseñó.
      Sin embargo, si lo piensas bien, es lo más natural que podemos hacer. Sentir lo que ya estamos sintiendo. Ya digo, sin añadirle carga mental, sin aferrarnos a ello. Pero sí sintiéndolo sin miedo, sin resistencias. Esto nos permite observarnos, comprendernos.
      Lo cierto es que cuando hacemos esto, paradógicamente, encontramos nuestra paz. Una paz mucho más real y profunda. Que no implica necesariamente estar siempre contento, pero ya no lo necesitas.
      De ahí que te sientas más tú que nunca cuando te expresas (ante ti y ante otros) de forma genuina. Como te ocurre en terapia y con las personas de tu vida.
      Muchas gracias por compartir y enhorabuena por tu presencia!

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