Reflexión personal sobre estas fechas

La verdad… A estas alturas he desmitificado muchas cosas en mi vida. Especialmente, establecimientos sociales y culturales.

Cosas tales como:

  • Los cumpleaños
  • Las reuniones familiares de compromiso
  • Vestir o comportarme de una determinada manera para encajar en un ambiente
  • Practicar mi descanso y mi ocio en las fechas habilitadas para ello (fines de semana y periodos vacacionales)

 

He ido soltando el significado impuesto por la sociedad de tradiciones y fechas que, observándome a fondo, no me aportaban gran cosa en realidad.

Descubrí que no las había elegido yo de forma libre y consciente.

Es el caso, en gran medida, de las Navidades y otras fiestas tradicionales.

¿Implica esto que le tengo rechazo a estas festividades? No, ahora ya no.

Me liberé (al menos en gran medida, puede que queden resquicios) de reaccionar ante algo que no tiene un sentido intrínseco para mí. Y tal reacción, ya sea en un polo o en su opuesto, implicaría que le concedo algún tipo de poder.

Por simplificar (y ojalá me entiendas): tanto si albergas grandes expectativas ante las navidades, como si las odias, les has concedido un poder que no tienen en sí mismas.

Ya sea que asocias esas fiestas con la felicidad como con todo lo contrario… ¿No ves que les estás concediendo una capacidad de influencia sobre ti desproporcionada?

 

Nada externo a ti puede hacerte daño y nada externo a ti puede hacerte feliz

 

Esta afirmación puede resultar provocadora para muchos, pero no he podido resistirme… Disfruto metiéndome en esas aguas pantanosas de vez en cuando  {11} .

También puede que te suene a un exceso de relativismo… En todo caso, te animo a que bajes un poco tus defensas y simplemente te permitas explorarla un poco y explorarte a ti a través de ella. Observar como te sientes cuando acoges esta idea.

Bien, sigamos…

Entiendo que somos seres humanos y que es humano no permanecer impávido a nuestras circunstancias. Y está bien que así sea.

Pero también soy consciente que hay un sector de la humanidad (en el cual me incluyo) que siente la apremiante necesidad de trascenderse e ir más allá de sus condicionamientos habituales.

Así que, si a ti también te pasa, tienes derecho a cuestionarte lo que siempre ha sido verdad para ti  y redescubrir a menudo qué queda en pie de todo ello.

Qué sigue guardando un significado sólido y qué creencias se te han quedado obsoletas y te lastran más que te aportan.

Si lo piensas bien, no creo que puedas negar que…

 

Lo que realmente te afecta emocionalmente, no son las circunstancias en sí mismas, sino lo que te cuentas acerca de ellas.

 

Esto es muy simple y muy potente.

Se puede aplicar a todo, pero centrémonos en el tema de este post: las Navidades y cómo las vives.

 

Desmontando la eterna y aparente contradicción

 

Parte del trabajo que realizo con mis clientes, consiste en enseñarles a entrenar su mente para liberarse del juicio que separa constantemente las cosas entre “blancas” o “negras”; “buenas” o “malas”.

Aprenden a adoptar una visión más amplia y completa, y puedan tomar sus decisiones desde un punto de vista más objetivo y menos condicionado. Más libre.

Esta visión no dual sirve también para abordar esto.

Desde el punto de vista convencional, es probable que contemples estas festividades desde uno de estos dos extremos opuestos:

 

  • O bien te encantan (por los motivos que sea) y las esperas, las planificas y te generas grandes expectativas al respecto.

 

  • O bien, te generan aversión (también por los motivos que sea) y las evitas, reniegas de ellas, etc.

 

O incluso puede que vayas oscilando continuamente de un punto a otro, dependiendo del caso.

En todo caso, lo que pretendo transmitirte es que, en ambos casos, te privas de libertad. Estás reaccionando a algo externo a ti (en realidad a tu interpretación de ello).

La opción más libre es la del medio. Decidir instante a instante, escuchándote y permitiéndote cambiar de idea si así lo sientes. Sin obligarte a ajustarte a convencionalismos y a lo que se espera de ti. Pero tampoco cerrándote por sistema a algo que en algunas ocasiones puede apetecerte o hacerte bien.

Pero implica acoger una supuesta contradicción y hacerle sitio a los dos polos aparentemente enfrentaos.

Yo te digo:

 

Puedes vivir al máximo estas fiestas y soltar al mismo tiempo tu necesidad de que sean de una determinada manera. Dejando ir tus expectativas y tus ideas preconcebidas sobre las mismas.

 

Puedes vivirlas al máximo como sea que vengan.

Puedes utilizar tu experiencia en navidades (como en cualquier otro momento que decidas, claro) para permitirte ser tú, ser genuino, conocerte un poco más, y compartir todo ello con otros.

 

Mi solución para vivir estas fechas

 

Yo he resuelto esta dicotomía de la siguiente forma:

Como en realidad, lo que a mí me importa es vivir plena y honestamente, cualquier ocasión es bienvenida para utilizarla para este cometido.

Y las Navidades también lo son.

En general, yo personalmente:

 

No necesito las navidades para ver y amar a mi familia. Para recordar mis valores, para priorizar lo importante.

No las necesito para dar muestras de cariño a los míos ni para hacer regalos.

Puedo hacerlo cualquier día del año. Lo hago y lo recuerdo siempre que soy consciente.

Además…

No por ser estas fechas, me siento obligada a ser mejor, más amorosa, más correcta ni más generosa.

Si no me viene bien hacer un regalo, o no lo siento, no lo hago. Punto.

Me expongo a no ser correcta, o a romper con algunas normas que se esperan de mí. Estoy dispuesta.

Sin embargo…

Si así lo siento y me apetece, utilizo también la excusa de estas fechas para hacerlo.

No me voy al otro extremo de esclavizarme en mi rebeldía y reprimirme si de verdad me apetece cantar un villancico, disfrazar a mi hija de pastorcilla o divertirme y disfrutar con cualquier excusa.

 

Lo hice durante un tiempo en nombre de mis principios, y ya me cansé de eso también. Me di cuenta de que era más de lo mismo:

Identificarme con una creencia y ser esclava de ella. Aunque en este caso, fuera “la contraria”.

Ahora me permito escucharme y elegir sobre la marcha lo que sienta.

No tengo decidido de antemano si voy a celebrar las fiestas de una determinada manera, ni me he comprometido con nada y con nadie un mes antes.

Como comprobarás, no hay un cambio externo muy significativo, pero ese simple gesto interno, lo cambia todo.

Cambia el porqué y el desde dónde hago las cosas.

Y, lo mejor, me sirve como entrenamiento para poder aplicar esta libertad también a cuestiones más importantes.

 

¿Cómo lo vives tú?

 

Cuéntame… ¿Cómo has estado afrontando este asunto hasta ahora?

¿Te han generado las Navidades emociones contradictorias y confusión? ¿Has sentido alguna vez que te traicionabas a ti mism@ viviendo estas fechas de un modo que no sentías?

Si te nace, comparte conmigo y el resto, tu perspectiva.

Para mí, será un placer charlar un poco acerca de ello.

Un abrazo enorme y feliz año nuevo (y día nuevo, minuto nuevo, instante nuevo….).

 

Si te gusta, compártelo 🙂
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someone
Cristina Hortal
Un buen día, harta de sentirme prisionera en mi propia vida, tomé 4 decisiones que le dieron la vuelta a todo mi escenario.
Construí una vida coherente con mis valores.
Aprendí a serme fiel por encima de todo, y hoy mantengo mi promesa de respetarme en cada decisión que tomo.
¿Quieres aprender a hacer tú lo mismo?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

insert emoticons powered by JavaScriptBank.com