Nadie puede hacerte daño

Sí, es cierto que lo parece.

Es cierto que son muchas veces las que lo has sentido con cada milímetro de tu ser, como la mayor de las verdades.

Te has sentido herid@.

No lo dudo. Y lo respeto. Profundamente.

Desde luego, yo también me he sentido así montones de veces. Y aún me ocurre.

Verás, siento que, como seres humanos que somos, tenemos todo el derecho a esa percepción; a esa experiencia.

Lo que hoy te traigo es una propuesta de no engancharte ahí, de no quedarte atrapado en ese sentimiento y, desde luego, de poder ir mucho más allá de él y descubrir mucho más.

De sacarle muchísimo más jugo  a esa vivencia y transformarlo en fortaleza y sabiduría. De descubrirte a ti mism@ gracias a ello y sentir que sales ganando.

Tienes un techo infinitamente más alto que eso.

Así que te animo a abrir tu corazón y tu mente a la posibilidad de ver las cosas de otra manera radicalmente distinta cuando te sientas dañad@ por alguien.

Al fin y al cabo, esta propuesta no está reñida con permitirte sentirte dolid@ en un principio, o incluso, con hacer lo que tengas que hacer de forma inmediata y externa (hacia la otra persona, por ejemplo.

Se trata de una reflexión honda; una conversación honesta e íntima contigo mism@ que te puede servir para descubrir aspectos de ti que no veías y, por lo tanto, transformar. Ni siquiera tienes que compartirlo con nadie.

En fin, allá vamos.

 

Como siempre te digo, si tienes algo que aportar, me encantará leerte en los comentarios :).

¡Hasta la próxima!

 

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Cristina Hortal
Un buen día, harta de sentirme prisionera en mi propia vida, tomé 4 decisiones que le dieron la vuelta a todo mi escenario.
Construí una vida coherente con mis valores.
Aprendí a serme fiel por encima de todo, y hoy mantengo mi promesa de respetarme en cada decisión que tomo.
¿Quieres aprender a hacer tú lo mismo?

4 thoughts on “Nadie puede hacerte daño

  1. Creo que es interesante el enfoque pero también veo bastante difícil abandonar esa percepción dual. Personalmente esa repetición la vivo en algunas situaciones y tengo algunos patrones identificados pero me cuesta muchísimo cambiarlos. ¿algún consejo?

    1. Hola Elena, gracias por tu comentario.
      Pues verás, mi primer consejo es que dejes de intentar cambiar esos patrones.
      Si te fijas, intentar cambiar algo es una forma de lucha. Implica que lo juzgas, que lo evitas, lo resistes. Que, de algún modo, le temes, en definitiva.
      Eso es un extremo. Una posición extrema ante cualquier cosa te lleva inevitablemente al otro extremo. Como si de un péndulo se tratara.
      Así pues, mi primera sugerencia es: Céntrate en observar muy de cerca tu propia percepción. Si te das cuenta, es algo que no solemos hacer porque nuestra percepción lo invade todo. Y pasamos a ver a través de ella y a no mirarla a ella directamente. Entonces es imposible cuestionarla, ver sus “fisuras” y, en consecuencia, poder dejar de dar por hecho que es totalmente cierta.
      Cuando estés en una de esas situaciones recurrentes en que te sientes herida por alguien, en la medida en que puedas, deja de mirar al otro y fíjate en tu percepción. Quizá no puedas hacerlo en pleno “calentón”. Está bien, concédete un margen. Hazlo cuando te sientas un poco más en calma.
      Fíjate en cómo estás contemplando la situación, las frases que vienen a tu mente, las ideas que se repiten, los recuerdos que evocas y con los que la relacionas,las creencias que hay detrás de todos estos procesos…
      Puede que empieces a descubrir que todo el “equipaje” que tienes dentro, colabora a que te sientas herida. Quizá no es un hecho tan objetivo el que el otro te ha agredido. Quizá también ha interferido tu interpretación y tú consecuente defensa/ataque. Y se ha establecido una dinámica creada por ambas partes. Aquí empiezas a ver claramente tu responsabilidad y asumirla es un acto natural.
      Esto no está reñido, como digo, con el hecho de que no te guste la actuación e la otra persona. Tampoco con que pongas algún remedio “fuera”.
      Sino que, además de eso, estás encontrando tu parte de responsabilidad y dándote la oportunidad de transformar tu percepción y modo de reaccionar, generando nuevos resultados en tus relaciones. Liberándote así, gradualmente, de repetir una y otra vez las mismas dinámicas.
      Espero que esto te sirva un poquito. Sé que es abstracto.
      Un abrazo y gracias de nuevo por tu aporte.

  2. Hola Cristina! La verdad que es muy interesante esto.En mi caso me he dado cuenta que yendo de víctima en teoría parecía “más fácil” enfrentarse a la vida,las situaciones,los problemas…culpar a alguien te evita mucho trabajo 😅 y a lo largo de la vida no he sabido asumir mi parte y ver esos matices, siempre ha sido blanco o negro, y realmente no aprendía nada de las situaciones que siempre volvían a repetirse, donde yo no hacía nada más que quejarme y lamentarme por que la vida es dura, la gente es mala, y mira todo lo que me pasa y como sufro por todo esto. Hasta que no cambie mi forma de ver las cosas, todo esto siguió exactamente igual , pero al asumir la responsabilidad,no me ha quedado otra que “verme” realmente;y aunque en ocasiones no ha sido fácil tanta honestidad, también ha sido una liberación, que me ha permitido aprender, mejorar y al contrario de lo que pensaba,contemplar la posibilidad de ser responsable de todo lo que me ocurre,te libera, te da poder. Cuesta hacer el trabajo, pero sin duda merece la pena,y con la práctica cada vez es más sencillo. Nadie puede hacernos daño! 😊

    1. Hola Laura
      Muchas gracias por tu comentario. Jeje, sí, totalmente. Es muy tentador y, en un principio, parece más “resultón”. Y como además esto de posicionarnos como víctimas, lo hacemos bastante inconscientemente, es decir, nos contamos un montón de razones que nos creemos… es bastante adictivo dejarse llevar.
      Y, en cuanto a lo que me explicas. Dices que no aprendías nada de las situaciones… Es cierto que somos testarudos, pero sí aprendías algo, aunque fuera lenta e indirectamente: fuiste aprendiendo que “por ahí no era”; esa postura no te funcionaba. Fue el paso imprescindible para estar dispuesta a mirar en otro “lugar”; a abrirte a otro modo de entender las cosas. Y no es un paso pequeño.
      Te atreviste a empezar a “verte”, y eso es muy grande. Enhorabuena por eso.
      Me parece imposible vivir de verdad hasta que uno hace ese gesto. Imposible vivir con verdadero sentido, sentirte arraigado a la vida y conectado de veras contigo. ¿Que no siempre es fácil? ¿Que a veces caemos en la percepción de siempre?
      Pues sí, ¿y qué? Esto no es un examen. Y éste es precisamente un camino de amor hacia uno mismo. Así que, antes los “errores”, más amor.
      Y renueva tu compromiso de asumir tu responsabilidad tan pronto te des cuenta. Nada más. Con amor y humor.
      En eso estamos muchos y podemos acompañarnos.
      Un abrazo de nuevo y adelante.

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