MI GRAN DECISIÓN (2ª parte)

La semana pasada te contaba en este artículo tan personal, cómo tomé la decisión más importante de mi vida (por lo menos por el momento) hace casi tres años.

Una decisión que desencadenó unas cuantas más y que, en cuestión de muy poco tiempo, movió los engranajes necesarios para que me desatascara y mi vida diera un giro.

Te lo cuento, además, porque ese giro fue para bien y quizá puede inspirarte un poco, si vives cierto “atasco emocional-vital”.

El principal indicador de que ese cambio fue para bien es que dejé atrás un cuadro de síntomas de una enfermedad considerada crónica y que me tenían viviendo una vida bastante limitada en ciertos aspectos.

No sé qué tanto estés familiarizad@ con la relación entre la enfermedad y las emociones en conflicto que vives por dentro, pero es hora de empezar a cuestionártelo y a investigar, porque es brutal.

En fin, vamos allá.

Si no has leído el post anteriorte sugiero que lo hagas antes de ponerte con éste para que puedas entenderlo.

Me abandoné a la experiencia

 

En fin, cómo te contaba la semana pasada, una serie de circunstancias me llevaron al límite y decidí precipitadamente largarme sola a hacer el Camino de Santiago.

Quería “dialogar” un poco a solas conmigo misma y averiguar qué iba a hacer con mi vida.

Desde el viaje de camino al punto de partida, en el tren, me anclé de una manera sostenida y antes desconocida al momento presente.

 

Después de la ansiedad inicial, me a acostumbré a disfrutar de la incertidumbre a cada paso y vivía intensamente cada minuto.

 

Sé que puede sonar muy tópico, pero es cierto que para mí ese viaje fue muy impactatante, especialmente por el motivo por el que lo hacía y la predisposición a abrir mi miente que tenía, en consecuencia.

Me abandoné a la experiencia y la saboreé cada instante.

Pude observar cómo otros caminaban también, pero no estaban del todo allá; estaban en sus casas, en el trabajo, con su pareja…

Tenían la mente lejos de allí y la cabeza delante de una pantalla de móvil cada dos por tres.

No sabes lo libre que me sentía yo. A mí no me importaba nada. No quería saber nada. No necesitaba nada.

La capacidad con la que pude soltar mi contexto vital por ese periodo de tiempo, me dio una frescura, una vitalidad y una intensidad que había quedado muy lejos en mi vida convencional.

¡Qué pena que dejemos que nos pase esto tan a menudo y sin darnos cuenta si quiera!

Cuando miraba a los ojos de otro peregrino, sólo le miraba a él; cuándo tenía oportunidad de tener una buena charla, no había mundo para mí fuera de esa conversación; cuando me reía con mis compañeros de camino, me trasladaba a la risa y los juegos infantiles y me sentía 100% feliz…

El camino fue para mí pura intensidad; pura paz.

Es difícil explicar, pero cada minuto estaba lleno. No faltaba ni sobraba nada.

 

Abrí mi corazón

 

Se puede entender que en ese estado en el que me encontraba entablara relaciones igual de intensas.

 

 

Recuerdo perfectamente mi quinto día de camino:

Tenía un grupo de amigos que se había convertido en mi familia y me había enamorado.

Como lo lees.

No exagero si te digo que tenía la sensación de llevar meses en el camino y de que aquellos peregrinos eran amigos de siempre y para siempre.

A todos nos pasaba lo mismo: Nuestra percepción del tiempo se había alterado muchísimo.

Uno de los grandes aprendizajes que me quedará siempre de aquella experiencia fue el valor de cada segundo.

Me di cuenta de lo poco que valoraba el tiempo en mi día a día. Dejaba que un día se escurriera tras otro sin aprovecharlo al máximo, sin decidir qué quería hacer, o ser. Simplemente dejándome llevar.

Es cierto que la fugacidad de todo allí facilitaba esa intensidad: Pasaba por sitios por los que no volvería (al menos de momento), veía una puesta de sol en un paisaje concreto que jamás se repetiría, disfrutaba de la compañía de alguien que no sabía si volvería a ver…

Pero entendí que yo quería vivir más así. Yo quería llevarme algo de eso a mi vida “normal”.

Fue una de las primeras enseñanzas que me metía en la mochila para regresar a casa siendo una persona nueva.

 

Sensibilidad y fuerza pueden ir de la mano

 

Resumiendo sobre mi viaje, te comento que sufrí mucho dolor físico los primeros días, pero era un dolor soportable porque yo ya sabía que el dolor aparecería. Estaba preparada.

Esa era mi oportunidad para sentirlo en todo su esplendor y seguir caminando de todos modos.

 

Era el momento de decirle con la cabeza bien alta que ya no me asustaba y que ya no dominaría mi vida.

 

Pasé penurias varias, pero estaba feliz y seguí.

También he de decir que, en los momentos críticos, contaba con la ayuda de mi maravillosa y nueva familia.

Al cabo de unos días me empecé a sentir cada vez mejor y más fuerte. Llegó un punto en el que no tenía dolores y tenía fuerzas para caminar más y más.

Trabé amistades inolvidables, y, como digo, me enamoré. Me permití vivir aquella experiencia tal y como me apetecía, sin pensar en el futuro ni en nada más.

Recuerdo también lo fácil que era entrar en estado meditativo de manera espontánea a todas horas, caminando, en la ducha o contemplando un paisaje bonito.

Me sentí muy, muy conectada.

Volví a casa: ¿Y ahora qué?

 

En definitiva, esa fue a grandes rasgos mi experiencia.

Cuando regresé y vi que todo estaba más o menos igual; que para mi gente no había transcurrido otra cosa que un mes más, tuve un pequeño choque hasta que lo digerí.

Lo entendía, pero no sabía adaptarme y me apetecía hablar a todas horas por teléfono con mis amigos peregrinos.

Una cosa tuve clara. Esta experiencia no me iba a dejar indiferente.

Mi vida no podía seguir igual. Aunque no se entienda racionalmente, mi salud dependía de ello y yo lo sabía.

El problema era que no sabía cuál era el siguiente paso ahora. ¿Qué tenía que hacer para no volver a lo de siempre?

 

Una sorpresa inesperada

 

La vida pronto me dio la respuesta.

Mi vida cambió sola en unos días sin que yo tuviera que hacer nada. ¡Descubrí que estaba embarazada!

 

 

Era una locura, no sabía qué ocurriría con mi historia de amor peregrina y él vivía a seiscientos km de mí. Y, en general, no sabía qué iba a hacer con mi vida.

Después del primer susto, que lo tuve, vi claro lo siguiente: Yo me metí en aquel tren en busca de una vida nueva, y la había encontrado. Me lanzaría a ella sin miedo.

Me atrevería a vivir. No sabía qué iba a ocurrir, pero la vida, si la vives de verdad, es pura incertidumbre. Así que, ¡qué mas da?

Total, mi vida de antes, con los valores de antes, no me gustaba. Y además estaba enferma.

La noche que me enteré, me fui a dormir imaginándome que estaba de nuevo en el camino y recuperé aquel coraje. Respiré hondo y me dormí con una sonrisa.

Al día siguiente tocaba dar la noticia a todo el mundo, y ya no me daba miedo. ¡Estaba feliz!

 

Ahora

 

Para resumir, te cuento que “mi peregrino” se vino a mi ciudad al poco tiempo y que ahora vivimos formando una familia, imperfecta pero feliz, con nuestra pequeña Sofía.

Al poco tiempo de regresar, me decidí a dejar mis antiguos trabajos como integradora social y emprendería un proyecto en lo que siempre me ha entusiasmado de verdad: El desarrollo personal y la espiritualidad.

No ha sido, ni está siendo fácil, pero me siento coherente conmigo misma y cada día lo vivo con entusiasmo.

Y lo mejor, ¡la enfermedad no pasa por aquí ni para saludar! (Puedes leer aquí una entrevista en la que cuento mi proceso de curación).

También me he vuelto más irreverente, menos correcta y…

 

¡No hago cosas sin sentirlas!

 

Me debo total fidelidad a mí misma.

¿Todo esto ha valido la pena?

¡SI! Sin dudarlo.

Para terminar…

 

Por eso animo a las personas con las que tengo oportunidad de charlar, a lanzarse a vivir. Eso no quiere decir tener una vida perfecta y ser feliz todo el rato.

Significa atreverse a cometer los propios errores, a seguir la intuición, a contradecir a la mayoría.

Significa ser tú.

¿Y tú que me cuentas? ¿Si tuvieras que ponerle una nota a la intensidad, honestidad y coherencia con la que estás viviendo tu vida, cuál sería?

 

 

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Cristina Hortal
Un buen día, harta de sentirme prisionera en mi propia vida, tomé 4 decisiones que le dieron la vuelta a todo mi escenario.
Construí una vida coherente con mis valores.
Aprendí a serme fiel por encima de todo, y hoy mantengo mi promesa de respetarme en cada decisión que tomo.
¿Quieres aprender a hacer tú lo mismo?

16 thoughts on “MI GRAN DECISIÓN (2ª parte)

  1. Mil gracias Cristina por compartir con todos nosotros tu increíble experiencia. Ha sido como ver una película con un final feliz. Y que bonito que justo entonces apareciera Sofia!!

    Estas historias son para compartirlas, para enseñarlas, ya no se escucha al más anciano ni al más sabio, sino al que tiene el móvil más caro.

    Me llevo tus palabras conmigo y mis ganas renovadas.

    Un beso a esta nueva y mejorada Cristina. Una Cristina 2.0 ?

    1. Muchas gracias, Sefora, por tu visita y por tus palabras.
      Que ilusión me ha hecho verte por aquí.
      Un verdadero placer compartir mi experiencia y causar en alguien un efecto como el que describes.
      Lo cierto es que, como puede que tú hayas experimentado, me costó un poquito airear algo tan personal, pero sentía la necesidad de compartir.
      Cada vez me cuesta menos hacerlo y me siento un poquito más libre.
      Un abrazo, compañera. ¡Y encantadísima!

  2. DESDE MEXICO TE FELICITO DESDE LO MAS HONDO DE MI CORAZON, SE QUE ALGUN DIA PODRE HACER LO MISMO, PORQUE LO NECESITO Y LO QUIERO, PERO NO ME ATREVO, TENGO EL MEJOR DE LOS ESPOSOS Y UN HIJO DE LO MEJOR, PERO EN MI VIDA FALTA ESA LLAMA QUE ME PIDE A GRITOS IR EN SU CAMINO, PERO NO SE COMO, HACE UNOS DIAS MEDITE Y ME DI CUENTA QUE ES POR AHI, PERO SINCERAMENTE NO SE QUE HACER Y LE HE PEDIDO A DIOS QUE EL ME GUIE PORQUE YO NO PUEDO Y ESTA ENFERMEDAD QUE ES CANDIDIASIS ME ESA MATANDO Y LO UNICO QUE SI SE ES QUE ESTA ENFERMEDAD DERIVA DE MI ESTADO DE ANIMO Y MENTAL; Y LO SEGUNDO QUE SI SE ES QUE, SALDRE ADELANTE CON LA UNICA AYUDA QUE TENGO QUE ES MI FUERZA INTERNA Y MI FAMILIA. GRACIAS POR TU TESTIMONIO ME HA CAUSADO CIERTA IDENTIFICACION, QUE DIOS TE GUARDE SALUDOS. MAYITA

    1. Hola Mayita
      Muchas gracias por pasarte por aquí y animarte a dejar tu comentario para que otros puedan beneficiarse de tu experiencia.
      Celebro, de corazón, que mi historia te inspire y siembre en ti la semilla fértil de la esperanza.
      Sé que dar ese paso de creer del todo que la responsabilidad total de tu salud recae sobre tus hombros, no es fácil. Teóricamente, podemos entenderlo, pero integrarlo de veras y ponerse manos a la obra haciendo cambios profundos en nosotros y nuestra vida, requiere coraje.
      Mis felicitaciones, porque estás en ese camino.
      Yo ya lo tengo asumido, pues lo he experimentado en mi piel y lo he visto con mis propios ojos en otros. Así que no tengas dudas, puedes superar tu candidiasis. De hecho, conozco a varias personas que lo han hecho.
      Te animo a investigar y a seguir en esa dirección.
      Ánimos y fuerzas, amiga. Un abrazo y gracias de nuevo!

      1. Estoy convencido de que la mayoría de las enfermedades son provocadas por nuestros conflictos emocionales sin resolver. Gracias de todo corazón por compartir tu experiencia. Fui diagnosticado con espondilitis anquilosante.

        1. Hola Juan Manuel, gracias por tu comentario.
          Sí, según mi experiencia en todos los casos sin excepción, en cualquier dolencia física interviene también un desequilibrio emocioal. Lo que ocurre es que son conflictos complejos, indirectos y bastante inconscientes.
          Por el sistema de pensamiento que utilizamos habitualmente, nos cuesta tomar conciencia de cierta conexión y encontrar el modo de corregir nuestro enfoque, pero desde luego es posible.
          Para mí el modo adecuado de abordar la enfermedad es de forma holística: contemplando el factor físico como tal, ambiental, emocional y mental, por “separarlos” de alguna forma, aunque todo se relaciona entre sí.
          Espero que estés enfrentando esa espondilitis de forma constructiva. Si puedo ayudarte en algo no dudes en escribirme en privado.
          Un abrazo grande y gracias por tu comentario.

  3. Hola Critina, tengo espondilitis anquilosante y paso más momentos malos que buenos. Se que gran parte de mi problema es emocional, debido a un problema que tuve en el trabajo y me afectó de manera brutal y que no he terminado de superar del todo. Además soy la típica persona que siempre intento agradar a los demás y si en mi entorno familiar hay algún pequeño contratiempo, me afecta de forma desproporcionada.
    Soy tremendamente afortunado con mi pareja y mis dos hijos, excepcionales todos.
    Pero esa presión de que todo vaya bien me perjudica enormemente.
    En consecuencia, cada vez tengo más episodios de dolor y no se que he de hacer para dar un giro a la situación.
    Si puedes ayudarme de alguna forma que yo no soy capaz de ver, seria fantástico para mi y para los que me rodean, pues muchas veces me encuentro deprimido y sin ganas de hacer nada.
    Muchas gracias por tu atención.
    Un saludo muy cordial.

    1. Hola Fernando. Muchas gracias por tu aportación y tu honestidad. En cuánto a tu circunstancia más concretamente y si puedo acompañarte en el tránsito, te escribo un email privado. muchas gracias de nuevo por tu valentía y tu disposición a indagar en ti y empear a ver las cosas de otro modo.

  4. Hola Cristina. Acabo de leer tu historia de principio a fin.. muchísimas gracias por compartirla. Me ha encantado cada palabra.. he llegado a sentir cada emoción que describes.. y me ha gustado mucho cuando dices que “los límites son mentira”:)). Bien, yo estoy diagnosticada desde los 19 años de una enfermedad crónica, autoinmune.. ahora tengo 38 años. He pasado de todo.. y ya hace tiempo que siento que tengo que arreglar algo dentro de mí.. en ello estoy y tus palabras me animan a seguir.. Tambien he hecho un cambio muy muy grande en mi vida hace tres años.. pero me está costando más despertar.. supongo que cada uno tiene su ritmo, pero bien sé que lo voy a lograr :)). Muchas gracias y enhorabuena por todo! Abrazos de luz!! xxooo

    1. Hola Vanesa
      Muchas gracias a ti por tus palabras y por compartir un poco de tu historia. Sí, en cada uno la transformación tiene su particular forma de expresarse, y está perfecto en cualquier caso.
      Es cierto que nuestros condicionamientos tienen su inercia y a veces es fácil volver a atraparse en los viejos “programas mentales” sin ni tan solo darnos cuenta. Si puedo echarte una mano en algo más específico, no dudes en decírmelo.
      Por lo pronto, lo más que puedo sugerirte es seguir así y abrirte cada vez más a mirar en esos rincones oscuros de ti que no te gustan. Con honestidad y coraje.
      Arrojando luz en nuestras sombras es como transformamos algo doloroso en fortaleza, sabiduría y amor.
      Un abrazo grande y hasta pronto.

  5. Hola Cristina: YEEEEEEEAAAHHHHH.
    Concisa, consciente e inspiradora historia personal, gracias!. Aquí un cómplice tuyo con EA que te admira y aplaude por tu salto al vacío, por no tener miedo a que el paracaídas no se abra. Creo que esa es la verdadera revolución personal: la confianza en ti, ser consciente de tu potencial (por ejemplo en cuanto a las relaciones de pareja: no somos medias naranjas, sino naranjas enteras) y entender que la verdadera libertad está dentro de uno mismo; y que una vez liberado, consciente de tu estado, tendrás para dar a los demás. Ya he pasado por eso un par de veces… aunque no me fui a ningún lugar. Rompí con todo pero claro, el ambiente no cambiaba. Ahora necesito algo parecido a lo que cuentas. Tu relato me hace respirar hondo, pensar, imaginar, trasladarme a un paraje natural en soledad y casi puedo sentir a través de tus palabras lo que describes: la libertad de no necesitar un destino concreto, olvidarte de la hora, quedarte un día más si el cuerpo te lo pido, el atardecer, los olores de cada rincón, la “magia” de enamorarse mientras liberas tu mente, cuero y alma. Pero abro otra pestaña del navegador y vuelvo a la realidad, en la que no estoy mal pero no es suficiente: necesito comprobar que todo eso es posible (si no esta incertidumbre siempre me acompañará), necesito confirmar esa relación de la que hablas entre liberación y descenso de dolor.

    Espero tener el valor para poder decir como tú: “Y sé que todo empezó con esa decisión. Pero no una decisión cualquiera, sino una GRAN DECISIÓN: Una de esas en que sabes que vas a por algo caiga quien caiga. Es un salto al vacío en toda regla”.
    Aupa las grandes decisiones.

    Un abrazo Cristina!

    1. Hola Javi
      Encantada de saber que hay personas que ven otras posibilidades más allá de las “oficiales”. Cada vez me encuentro con más casos :).
      Según mi experiencia (en carne propia y como acompañante de otras personas en un proceso similar), el primer paso es dejar entrar en tu consciencia la posibilidad real de que la sanación desde dentro es algo que ocurre.
      Ahí entramos en juego los que contamos nuestra historia. Si buscas bien encontrarás más casos que afianzará esa amplitud en tus miras.
      El siguiente paso es tirarte al vacío y experimentarlo.
      Puedes hacerlo de diferentes formas. Puedes hacerlo a través de una experiencia similar a la mía, puedes hacer quizá un rompimiento con viejos acuerdos de forma más interna y menos visible, puedes hacerlo solo, puedes documentarte, puedes dejarte acompañar… Todo vale.
      Solo te digo algo: No pretendas comprenderlo todo racionalmente y tenerlo bien atadito antes de dar un paso. No funcionará.
      Si quieres hablar más detenidamente, puedes escribirme en privado.
      Te mando un abrazo y toda la fuerza.
      Gracias por tu apertura.

  6. Hola Cristina,
    Yo ya estoy en ese punto de inflexión del que hablas en el que siento la necesidad de romper con todo y cambiar de vida. Yo padezco espondilitis anquilosante y la enfermedad de crhon desde los 22 años, tengo 32 y la enfermedad avanza y los tratamientos no hacen nada. Yo se el momento exacto donde se inició mi enfermedad porque note como algo se rompía por dentro. Fue a causa de una rotura emocional. Y si creo que uno pueda curarse a sí mismo y sanar heridas, tomar el control de la situación y ponerte manos a la obra. Todavía no se bien como o que dirección tomar.. Pero lo k esta claro es que hay k enfrentarse a esos miedos k muchas veces son irracionales. Gracias por compartir tu historia y por darme seguramente ese empujón que me faltaba. Sinceramente GRACIAS! Un abrazo!

    1. Muchas gracias, Beatriz, por compartirnos parte de tu historia.
      Sé que el desafío a veces puede ser abrumador cuando se trata de una enfermedad dolorosa, limitante y para la que el sistema médico no tiene grandes expectativas. Cuando además parece perpetuarse en el tiempo y existe la gran tentación de creerse indefenso… Lo sé.
      Este gesto de comprender e ir más allá de la enfermedad, sin duda has de hacerlo desde otro lugar de tu consciencia distinto al que creó la dolencia. Pero es un lugar que existe en ti, siempre lo ha hecho. Se trata de ir retirando las interferencias que te evitan el conectar con él.
      Mucha fuerza y gracias de nuevo por tu apertura y coraje.

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